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t VIRGEN, El. NIÑO JESÚS Y SAN JOSÉ Parts üiuy en breve, y en vista de esto el rey le encargó adquiriera en Italia objetos de arte, para lo cual le entregó cuantiosas sumas. En 1519 volvió á Florencia, y tuvo la culpable debilidad de emplear este dinero en satisfacer los caprichos de lujo de su indigna cónyuge, tan bella como coqueta, que llenó de disgustos la vida del artista, que se hizo celoso, melancólico y casi insociable. En vano trató de reparar su falta contra Francisco I pintando para este monarca su cuadro del Saaificio de Abraham, cuya repetición existe en nuestro Museo. El original no quiso verlo siquiera el justamente enojado monarca francés, y hoy se custodia en el Museo de Dresde, Sin atreverse á volver á Francia y estrechado por sus necesidades, se dedicó á pintar con gran laboriosidad, sin lograr que sus trabajos fueran recompensados en lo que valían. En esta asidua labor le sorprendieron los sucesos que llevaron á s u patria en 1529 una invasión armada y los estragos de la peste. Su mujer Lucrecia, apenas empezaron los horrores de ésta, salió huyendo de Fio rencia, dejando á su marido abandonado, y al año siguiente, 1530, fué atacado de la enfermedad terrible, y víctima de ella falleció en la fuerza de su virilidad, pues sólo conta bacuarenta y dos años de edad. Su cuerpo fué enterrado con honrosas exe- quias en la Casa de la Cofradía, que tanto había decorado con sus obras. Sus contemporáneos le apellidaban Andrea senza errori, pues no le encontraban defecto alguno, y Vasari, su discípulo y biógrafo, le califica de excelentísimo pintor, epíteto que no suele prodigar el famoso historiógrafo. Según Lanzi, la dulzura natural y ¡a sensibilidad exquisita desu carácter se revelan en sus obras. No es inferior á Rafael en la pureza de los contornos, la gracia de la expresión y la degradación armoniosa de las tintas, y c uizá le supera como colorista enla pintura de los frescos, aunque le sea inferior en la elevación y nobleza del estilo. En opinión de Madrazo su profunda originalidad, la elegancia natural y exquisita de su estilo, la magia de su ejecución son los títulos que le colocan en un puesto glorioso entre los más ilustres maestros italianos. Asunto mís ¿ico. -ha. Virgen, arrodillada en una escalinata, tiene al Nnlo Dios en su regazo que se inclina con los brazos abiertos hacia un ángel que tiene un libro; un santo, que parece San José joven, está al lado opuesto, y en el fondo se aleja una mujer llevando un uiíío de la mano. En último término, una montaña coronada por una ciudad. Mide el cuadro 1,77 metros de alto por 1,35. Tabla. Procede de la colección del iiitortuuado rey de Inglaterra Carlos I. CARLOS LUIS DE CUENCA 4i V VIRGEN Y EL NIÑO lESU