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(ÍQPO REVlST a lluSTRADA EL FILOSOFO Y LA MARIPOSA lAFABí, Enebro, joven relativo, empleado en el miW nisterio de la Gobernación, aprovechaba las tardes para filosofar por el Retiro ó por la Moncloa, siempre que el tiempo no se lo impedía con sus crudezas insoportables. Para filosofar he dicho, y así era la verdad, puesto que Enebro iba constantemente solo, y todo hombre que se pasea sin compañía por fuerza ha de sentirse filósofo para distraerse. Ha escrito nn gran pensador en alguna parte qsie no es preciso citar: Donde quiera que haya un hombre que medite sobre cualquier cosa relacionándola con todas las demás, allí hay un filósofo... En esta profunda declaración me apoyo para incluir á Rafael Enebro entre los compañeros de Platón, ya que me sería muy difícil encontrar otra. Cierto que todo el mundo puede considerarse dentro del catálogo si se arropa con tales palabras; pero ello no es inconveniente para que yo presente á Rafael Enebro como uno más en el coro de los amantes de la sabiduría. Y el caso és que Enebro pudo haber sido un- filósofo de los otros; es decir, de los que además de confiar á la soledad sus pensamientos, los escriben y los dan á la imprenta y los arrojan á la admiración de las gentes. Para ello tuvo la base necesaria j también un poquillo de afición, que él mismo creyera muy arraigada, hasta que se convenció de que uo le conduciría á ninguna parte. Había estudiado, eu efecto, dos cursos de la carrera de Filosofía y Eetras, que fueron seis, puesto que triplicó los dos por culpa del endiablado tribunal de exámenes, y había también escrito en algunos periódicos escolares varios artículos que calificaron de muy metafísicos sus propios compañeros. Eeyó asimismo durante aquellos años una porción de libros, casi todos de filosofía, pues aunque en clase no demostraba graa aplicación, ni tampoco estar al corriente del ser, el no ser. el tiempo, el espacio y demás cuestiones no menos complejas, fuera de clase sí parecía qwe le estaba. Tal vez su espíritu no gustase de la estrechez universitaria. Tal vez era una larva de genio. Tal vez fuese... Eo cierto es que era muy aficionado á los es-