Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
íií ¡POBKR NIÑA! al nacer de, la mañana, en una aldea que al pie de las olas se levanta. De pronto, turba el silencio el ruido que de una casa hace la puerta al abrirse para que por ella salga la aldeanita más linda, la más hermosa zagala. Tijos en el mar los ojos y caminando á la playa, parece que va buscando impaciente algo que aguarda. Aldeana encantadora, 1 a de mejillas de nácar, la de los ojos azules, la de las trenzas doradas, ¿dónde vas, niña hechicera, dónde vas, di, con el alba? ¿Qué buscas tan impaciente del mar allá en lontananza? ¿Por qué suspiras? ¿Qué tienes? ¿Por qué unas veces tu planta dejas que besen las olas cuando rompen en la playa, y otras tu planta retiras y al mar le vuelves la espalda? ¿Por qué tus pasos vacilan? ¿Por. qué de pronto te paras y tornas al Océano á dirigir tus miradas? ¿Qué miras... ¡Ya lo comprendo, pobre niña enamorada! Esperas con impaciencia al pescador á quien amas, aquel gallardo mancebo que, puesta en Dios la esperanza, y el amor de sus amores guardado dentro del alma, á luchar por la existencia, con las redes en la barca, al mar se fué, y su regreso, pobre niña! es lo que aguardas. II Se cubre el cielo de nubes que la luz del sol apagan, brilla el rayo, estalla el trueno, el huracán se desata, venir se ven de muy lejos las olas, cual montes de agua, avanzando hacia la costa con vertiginosa marcha, hasta que llegan al dique que al mar la tierra levanta, y en los picos de las rocas de aquella abrupta muralla con fragor de terremoto se estrellan sus crestas blancas. Allá, sobre una de aquellas enormes olas, la barca del pescador que la niña con tanta zozobra aguarda, sin remos y sin gobierno, maltrecha y desmantelada, ora rueda hacia el abismo, ya á las nubes se levanta, y el huracán y las olas hacia las rocas la arrastran. Entre la gente del pueblo, que en las peñas de la playa presencia la horrible lucha que ha de terminar en drama, está, más muerta que viva, la encantadora zagala. De pronto, un ¡Jesiís, Dios mío! más de cien bocas exclaman, y al suelo, en el mismo tiempo, el cuerpo de la muchacha se desploma y queda inerte, cual sin vida se quedara. Arriba se abren las nubes y vierten sus cataratas, el rayo brilla siniestro, los campos el viento arrasa, y de aquel mar espantoso ya despareció la barca. apenas en la mirada, turbio el azul de los ojos, cercados por negra mancha, y la rubia cabellera tendida sobre la espalda, así la pobre se encuentra, así, la pobre aldeana, A su lado mil consuelos su madre quiere prestarla, y buscando una sonrisa, que en sus labios no se marca, sólo una lágrima encuentra que en sus mejillas resbala. -No llores más, hija mía, recobra, por Dios, la calma, da tus penas al olvido, que la Virgen soberana mis oraciones escucha. -Ella es mi sola esperanza. Orad, orad, madre mía, orad á la Virgen santa y pedirla que perdone mis culpas... mi amor... mis faltas... Con impulso convulsivo á su madre se abalanza, estréchala entre sus brazos, en su frente un beso estampa. dobla al seno la cabeza, que en llanto su madre baña, al viento lanza un suspiro y en él al cielo su alma. ¡Todo acabó! ¡Pobre niña! apenas tu leve planta el suelo rozó ligera cruel cierzo te arrebata, cual de la rosa al capullo que empieza á lucir sus galas. ¡Todo acabó! ¡Pobre niña, la de la tez sonrosada, la dé los ojos azules, la de las trenzas doradas! ¡Todo acabó! Sólo quedan, recordando tu desgracia, los sollozos de una madre y el doblar de una campana. FEDERICO JAQUES. DIBUJO DE ESTEVAJÜ