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En el trayecto de ida no se nota la más pequeña serial indicadora de que semejante fiesta yaya á tener lugar. Dos coches particulares, cuatro estudiantes á piey sin dinero y cinco ó seis caballos ingleses con las orejas enfundadas y envueltos en mantas caminan por la Castellana en demanda del sla 7 íd. Unos cuantos golfos, encaramados en los desmontes próximos, presencian la lucha hípica mientras- comen naranjas y cacahuetes. De tiempo en tiempo suena una campana. Dos Jockeys tiritones salen á l pehtsey dan vuelta y media á la pista. En la taquilla de apuestas se cruzan ocho duros. Ivas pocas damas que asisten á las tribunas se ven en ridículo y emigran á los breves instantes de aquel lugar de tristeza. El único mail- coach que ha penetrado en recinto, sale de él y emboca el paseo de la Castellana haciendo sonar la estridente trompeta. A eso se le llama el desfile, y á presenciarle acuden cuatro í? íw, paseantes asidua de Recoletos y que en días de carreras suben hasta la estatua de Isabel la Católica. Son, pues, estos vientos del Norte tan fríos y desconsoladores como los del Este. Pero Marzo tiene también vientos del Sur llenos de aromas de claveles y geranios dobles. La primavera hace su entrada triunfal el día 2i, y á partir de tal día son infinitos los burros que salen á la calle llevando sobre sus lomos mil olorosas plantas. Los pregones callejeros dan á la corte, en Marzo, un alegre aspecto d e ciudad andaluza. El aire lleva las alegres notas del requesón de Mira lores y de la plañía de geranios dobles. Este viento del Sur es perfumado y tibio. Y el precio que los vendedores piden por un tiesto de pensamientos también es íibio. Otros vientos reinan en Marzo, de los que no haré mención. Pero la veleta es sin duda alguna el signo representativo de tan variable mes. Marzo estuvo antiguamente dedicado á Marte, y liasta en estas cuestiones militares demostró el mes actual su escasa fijeza. Nada más oportuno que un cambio de ministros de la Guerra en tan voluble mes. Y la crisis tuvo lugar. Marzo no es sólo el mes consagrado á los soldados. Marzo ha sido siempre el mes de los serenos. Por lo menos todos los vigilantes nocturnos celebran su santo el día 19. ¿Ustedes han conocido algún sereno que no se llame Pepe... A excepción de dos ó tres que se llaman Manuel, todos los demás se llaman Pepe. Y en Marzo, se llamen como se llamen... no vienen. El viento marzal que lleva nuestras voces no penetra en las tabernas. Y á propósito de tabernas. En Marzo se podan las viñas. Pocos borrachos sabrán este detalle. Y es que en las ciudades no nos preocupamos para -ada de las faenas agrícolas. Mientras nosotros en Marzo asistimos á las sesiones de Cortes, al café ó á los teatros, los labradores siembran el pan que nos hemos de comer y arreglan la cepa que ha de proporcionarnos el vino con que templaremos nuestras gargantas. La ciudad se ocupa de la muerte, y el campo, de la vida. Por cada entierro que vemos pasar, cien brotes nuevos inundan la campiña. Marzo es un mes terrible, porque le observamos desde nuestros hogares cortesanos. Maldecimos de él porque nos impide con sus vientos huracanados pasear nuestros ocios y entretener nuestro espíritu. Pero Marzo en el campo es otra cosa. El gañán que siembra, espera la cosecha y siente un placer infinito al derramar aquellos granos que han de nacer y multiplicarse por el noble esfuerzo de su trabajo, Cuando yo, medio dormido en mi cama, oigo de madrugada soplar el viento de Marzo y pienso que á tales horas un labrador abandona el lecho para sembrar el trigo, que convertido en pan ha de alimentarme, me dan ganas de exclamar, dirigiéndome al labriego: -Tú eres más digno de vivir que 3- 0. Tú eres más útil, tú eres más fuerte... pero ¿por qué te molestas... ¡Si vieras qué bien se está aquí, calentito entre las sábanas... Y avergonzado de mi egoísmo doy media vuelta y sigo mi sueño. Pero es porque yo, de todos los vientos de Marzo, no comprendo más que uno: el- viento fresco. Luii 5 DE T A P I A DICUJCS DE SAKCKA