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iy i AEzo es un mes traidor. Con su hipócrita aspecto de mes primaveral nos confía y seduce. Pero apenas nos ve ligeritos de ropa, vuelve el rabo y nos sacude con él un zurriagazo que nos deja molidos. Más fama de loco debía gozar Marzo que su compañero Febrero. En un solo día marzal sale el so! se nubla, caen unas gotas de granizo, vuelve á aparecer Febo, nieva un ratito y debuta una compañía extranjera en cualquier teatro. ¿Quién es el valiente que con talesfenómenos con iirv a. intacta su salud... Hasta que Marzo pasa, nadie se cree seguro. -Ya estamos fuera del invierno- -decimos con júbilo ante el primer día templado que nos envía Febrero. -Espere usted, espere usted- -noscontesta un viejo tan lleno de experiencia como de reuma. -Aún falta Marzo. Ese es el mes terrible. Muei jn las gentes como chinches. Espere usted... Y nosotros esperamos y, efectivamente, llega Marzo y 07710 chÍ 7 i. ches. hasta las Ventas. Hay que ver una de estas despedidas del duelo, á pie fiítae y cabeza descubierta, en medio de la triste y árida carretera de Aragón. Pues todo este espectáculo es propio del raes deMarzo. Eos vivos andan asustados de la abundancia d e muertos, y no hay señora que no entre en su casa diciendo alarmada á los individuos de su familia; ¿Sabéis cuantos entierros he visto en la calle... Pues ¡cinco... Esta inania de contar el número de fia 7 nbres que encontramos al paso, se halla muy extendida. El queve pasar un muerto, y luego otro, y después otro, se sobrecoge de terror, pero siente allá en el fondo de su egoísta naturaleza cierto ligero placer al contemplar que otros van por delante y que él aún se conserva sano en medio de tan furioso y mortífero vendaval. Marzo tiene carácter macabro, como Abril lo tiene risueño y Julio achicharrante. Cada mes tiene su fisonomía propia y su lugar adecuado para mostrarse á los madrileños. Si queréis gozar de Mayo id al Retiro, lleno de lilasy alegres horteras. Si queréis apreciar lo que es Junio, estacionaos en la Cuesta de San Vicente, cuajada de ómnibus que conducen elegantes viajeros. Pero si deseáis formaros idea de lo que es Marzo, no debéi salir de la calle de Goya. Y no son estos vientos del Este los más tristes del mes actual. Las carreras de caballos vientos del Norte que no llegarán jamás á dominar en nuestras latitudes) son mucho más fúnebres que cualquier entierro. Tal anr. naclón imprimen á la vida madrileña estos Porque el viento más dominante en este mes de los vientos, es el viento del Este. (Y el que lo dude que se vaya de dos á tres de la tarde á la esquina de la calle de Pardiñas. Para ver entierros no hay mejor época que la actual. Una cruda tarde de Marzo presta fondo adecuado al triste cortejo. Da gusto ver lo entonadito que resulta el conjunto. Delante marcha el carro fúnebre, cuyos plumeros se columpian agitados por el vendaval. El cochero, liado en una parda bufanda, inclina la cabeza para evitar que le ciegue el polvo que ei viento levanta del camino. Eas gualdrapas de los caballos vuelan mostrando el asqueroso forro de negra percalina. Detrás del ca rruaje macabro caminan, embozados en sus capas ó arrebujados en sus gabanes, los fieles amigos del difunto. De estos amigos, un par de ellos mueren dos ó deportes hípicos, que yo, que asisto á las carreras de tres semanas después á consecuencia de la tal cos- Marzo, jamás sé hasta que llego al Hipódromo si se tumbre de acompañar al cadáver querido, ar lo 77i enos han suspendido ó no.