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JOSÉ: DE: B- OTJ- RE: Fot. friinzcn. IZJi. día 8 del corriente mes falleció en Madrid José de Roure, nuestro antiguo compañero, nuestro amigo de siempre, á quien en esta casa se recordará con el cariño y con la admiración que merecía por sus talentos y por sus bondades. Al comunicar á los lectores la triste noticia, todos los periódicos rindieron justicia á los méritos del ilustre escritor, muerto cuando la vida le sonreía, en plena actividad y en pleno triunfo. Nosotros no necesitamos sino esciibir su nombre para evocar en el ánimo de nuestros lectores la fertilidad, la gallardía y el buen gusto de aquel ingenio eminente que tantas veces les lia recreado y conmovido. Porque precisamente en BL. XCO Y NEGRO está lo más característico de su obra: las Cartas y las Crónicas madrileñas el Teatro de la vida los Diálogos conyugales los cuento. s, todo lo que consolidó la fama de Roure como observador, como ironista, como poeta... Las páginas de nuestra colección que llevan su firma constituyen uno de los timbres más altos de este periódico, exhibidos por nosotros con legítimo orgullo Es seguro que buena parte de su obra, que por su propia naturaleza debía circular anónima entre el público, no se perderá como todas las de su especie, sino que servirá, por el contrario, para definir completamente la personalidad literaria de José de Roure. Nos referimos á su asidua labor en el popularísimo Gedeón, que puede presentarse como modelo en su género. La sátira fina, intencionada en el fondo, pero amable y de buen gusto en la manera de expresarse, tenía, en efecto, en los Jueves y en los Domingos de Gedeón su más alto cultivador y el único, á decir verdad, en estos tiempos. Nadie ignora que esa era la sección de Roure. Y aquellos diálogos de corte clásico, de eterna frescura, de buen humor en el verdadero sentido de la frase, fueron siempre saboreados y comentados con delicia, y serán también recordados eternamente. No hay que decir si el hombre valdría tanto como el escritor. Su literatura, como hija sincera de su temperamento, dejaba adivinar el espíritu que la animaba. Roure fué siempre en lá vida tal y como aparecía en sus escritos, Un hombre que creía en la bondad ajena cuando practicaba la propia, y que sabía también disculpar casi todas las cosas y perdonar las restantes. Un gran corazón y una gran inteligencia. Eso era, en fin, el querido compañero arrebatado á los suyos, entre los cuales nos contamos, en un minuto trágico c imprevisto.