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ESCENAS PARISIENSES Con SU largo camisón tableado, los ojos muy despabilados, la trenza suelta y los píes descalzos, Georgette ha entrado en el comedor donde sus papas presiden la mesa rodeados de unos cuantos amigos invitados. Georgette viene á despedirse de todos porque es ya su hora de acostarse. H a cogido su muñeca, la inseparable compañera, y avanza torpemente porque se pisa el largo camisón á cada paso. H a besado á todos y ya se retira de la mano de la doncella, cuando su mamá la dice; ¡Georgette! -Maman- -responde la niña. ¿Has dicho la oración? -No, 7 natna? i... Iva diré luego, como todas las noches, con JS tigo y con papá- -dice Georgette. -No, no... -contesta la señora. -Luego será tarde y estarás ya dormida. Dila aquí, delante de estos señores. í Georgette viene hasta el centro del comedor, y siempre cora k su muñeca en los brazos, se arrodilla. Los invitados abandonamos ia mesa y rodeamos á la niña que mira á todos sonriente. ií Porque es una deliciosa criatura de cuatro años que vagaba perdida por los caminos, cuando una tarde la encontraron estas buenas almas que la arrebataron de las garras de una vieja borracha que la golpeaba sin duelo, mientras la pobre niña, atemorizüda, no se, atrevía á gemir siquiera. Este joven matrimonio la recogió, la adoptó, hizo de ella su hija, y la infeliz criatura parece que se da perfecta cuenta del bien que la han hecho. Ahora es feliz; tiene trajes bonitos, una camita muy blanda, una muñeca muy rubia y, sin embargo, de sus ojos no se ha borrado todavía el espanto. No se la puede hablar de la vieja que la maltrataba porque rompe á llorar y quiere huir... ¡Cuatro años, señor! Nosotros recordamos esta historia mientras la estamos viendo arrodillada en el centro del comedor y haciendo es- í fuerzos para recordar las oraciones que la han enseñado á- I decir todas las noches á la hora de acostarse. Y al fin comienza... Pero comstantemente su mamá tiene que rectificarla, tiene que acudir en su aj uda porque se salta de unas cosas á otras, se olvida, y luego hay aquí tanta gente qué la está mirando... La pobre niña se aturde, se confunde... ¡Cuatro años, señor! -Je votís salue, Marie- -murmura á media voz. -Voiis éiesbénie... -No- -dice su mamá, -no es así... ¿No. -pregunta Georgette abriendo los ojos muy espantada. Y luego exclama: Ah! Sí... Es verdad... Le Seigneur cst avec vous... Y así, poco á poquito, acudiendo en su ayuda á cada instante, Georgette dice sus oraciones: el Avemaria, la Salve, el Padrenuestro, siempre de rodillas, y apretando contra su pecho á la muñequita rubia, su inseparable compañera, que al acostarla ha cerrado ya los ojos. Cuando Georgette ha dicho el último Ainsi soit- il! y nosniira á todos radiante, su mamá la dice: -Ahora di tu oración á Jesús. ¡Oh! Esta sí que la sabe bien, ésta la dice de memoria, sm un tropiezo, sin una equivocación, y se coloca la muñeca debajo del brazo para poder juntar sus manitas con devoción. ¡Oh! iMonpetitJesús! ¡Je vous aime! ¡Bénissez- moi! ¡Bénissez papa, maman, tous mes amis et la petit poupee aussil iDonnez á ious la sanie et le bonheur! -Ainsi- soit iU Y poniéndose en pie, Georgette nos envía un beso con la mano y se aleja dándose pisotones en el camisón. Nosotros volvemos á ocupar nuestros puestos en la mesa, pero estamos silenciosos, no nos atrevemos á mirarnos cara á cara, pues sentimos que tenemos húmedos los ojos y nos avergüenza que se nos conozca esta emoción. ¿Por qué, si espura... Todavía a lo lejos escuchamos la vocecita de Georgetteque grita: ¡Adiós, maznan! Y por el corredor adelante repite en voz muy alta, para hacerse oir bien ahora que está sola y no la. atemoriza nuestrít presencia: ¡Bénissezpapa... ¡Maman, ¡Tous mes amis... iMon pelit Jesús et la poupee aussi... ¿Cuatro años, señor! r EORGETTE P JOSÉ JUAN CADENAS.