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ESCENAS PARISIENSES I A CUESTIÓN CHANTECLER No hay más remedio que con tinuar hablando de Chantecler. La cuestión Oa feí ír -porque en los actuales momentos hay sobre el tapete una pavorosa cuestión Chanlecler -preocupa en París más que los problemas de Oriente, la entente cordiak, los propósitos de Guillermo II ó la guerra que dicen va á estallar la próxima primavera. ¿Quién hará Chantecler? He aquí la cuestión. -I,o s periodistas preguntan á cuantos cómicos encuentran: ¿Le han hablado á usted de Chantecler? ¿Se considera usted con fuerzas para interpretar el papel que Rostand dedicaba á Coquelin? iíl cómico es igual en todas partes, posee la misma cantidad de vanidad, y así desde Guitry á Sarah B- desde Gemier á Susana Despres, actores y actrices creen que el papel de Gallo los iría muy bien. No sé si alguien se habrá ocupado en preguntar á Mayol ó á Polin; pero estoy seguro que ambos se prestarían de buen grado á declamar los versos escritos por el autor de Cirano. No ha habido más que un cómico verdaderamente sincero: Max Dearly, Cuando hablaron al intérprete de Le Rol de substituir á Coquelin, contestó: -Cada vez que se habla de Chantecler, pienso en Coquelin, y cuanto más pienso en Coquelin... menos rae acuerdo de Cha? itecler. El Buen Rostand se entretiene en tanto viendo las decoraciones y los trajes que la emp- e. sa de la Porte Saint- Martin guarda cuidadosamente para poner la obra en escena, decoraciones y trajes que han costado un dineral, porque el autor es muy exigente y no deja pasar el menor detalle. Después de examinarlo todo, Rostand se pasea por París con el manuscrito del Chantecler famoso debajo del brazo, ni más rii menos que un principiante cualquiera. La sola diferencia consiste en que el principiante no encuentra teatro, y Rostand, que tiene abiertas de par en par las puertas de todos los escenarios... no encuentra cómico que sirva para cantarla gallina Pero no creáis que pierde su tiempo. El solitario de Cambo es M. EDMOND ROSTAND una apreciable hormiguita que ha sabido cobrar anticipadamente trescientos mil francos á cuenta de los derechos de la Porte Saint- Martín. Naturaliriente, no tiene prisa por estrenar. Ahora, aprovechando el reclamo gratuito que le ha hecho la Prensa, ha convencido á Sarah Bernharat para que se presente al público de París con L Aiglon, con la promesa de facilitarla para la temporada próxima un arreglo de La Princesa Lointaine. Rostand no estrenará, pero aoura el repertorio que es un gusto. Y mientras, va ganando tiempo, á fin de que Chantecler xi- da. ser interpretado por el actor de todas sus preferencias: por Le Bargj Es indudable que hay cierta misteriosa atracción que une á los hombres que piensan de idéntico modo. Rostand y Le Barjíy son artistas por casualidad, porque ambos nacieron para ministros de Hacienda. Amigos íntimos, se admiran recíprocamente; pero á la hora de hacer números no se quieren conocer ni siquiera de vista. El contrato que se asegura han hecho Le Bargy y Rostand es un documento curiosísimo, del que no hay ejemplo en la historia del teatro. Le Bargy está dispuesto á hacer dimisión de su cargo en la Comedia Francesa para entrar en la Porte Saint- Martiri y encargarse del papel de Coquelin en la famosa obra de Rostand mediante el pago de ciento cincuenta mil francos de sueldo al ano. Además exige qme Rostand no autorice á ningún actor para hacer el Chantecler en provincias, porque quiere ser él quien explote la obra en sus tourne es veraniegas, y, á cambio de esta ex elusiva, se ofrece á no representar más comediasque las escritas por Rostand hasta hoy y las que en lo sucesivo escriba. No cabe duda que los autores íranceses quedan en lugar excelente. Duro es el sacrificio que va á hacer Le Bargy abandonando su puesto de societairé déla Comedia Francesa; pero ciento cÍTCi: ie; ita mil francos de sueldo al año son una tentación para cualquiera, mucho más para el elegante ex marido de Simona, que, como antes he dicho, es un financiero que da quince y raya al propio Neker. ¿Se decidirá por fin? ¿Firmará el contrato? Estas son las preguntas que desde. hace quince días se repiten unos? otros, preocupados con la cuestión la famosa cuestión Chantecler más intrincada que la de los Balkanes, más trascendetilal qué la guerra que pueda estallar la primavera próxima. Y es que al parisiense no le interesan más que las- cosas de bastidores. Un millonario que tire el dinero á manos llenas, gastando en las más locas excentricidades, no llamará la atención y se arruinará en silencio. El peor cómico de París se hace popular sólo con elegir dibujos raros para sus chalecos. i 1 I- i M. LE BARGY José JUAN CADENAS.