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EL HOSPITAL DL LA CRUZ ROJA EN ROMA La formidable desgracia de iVlesina ha descubierto al pueblo el alma de su soberana. Las grandes desgracias que generalmen ligan á los que viven en intimirAURANT: las horas de sol, del dad social, en esta vez han apro sol tibio de la campiña roximado la reina hacia sus subdimana, que en sus reflejos pálitos, Su abnegación, el amor é indos tiene languideces voluptuoterés que une á sus actos la parsas, una atmósfera cálida de conticularizan y le descubren uu suelo, de animación y de aliento nuevo aspecto que no se le coparece extenderse en el pequeño nocía. hospital de sangre que ha improvisado la Cruz Roja. Flstá instaEn verdad, pocas soberanas lado en el departamento, genehan llegado al trono en condirosamente cedido por la duquesa ciones menos favorables que esta Grazioli Lanti en su palacio, el princesa; ella debía suceder a l a I que se encuentra situado en los más deslumbrante de las reinas: alrededores de Roma, en medio Mai garita de Saboya, inmensade un hermoso parque. mente amada de su pueblo. Una tragedia espantosa la arrebató L, a duquesa, bella, esbelta y del trono inesperadamente. Su arrogante, con la energía de la brillante inteligencia le permitía mujer sajona, recorre las salas de I 1 departir horas de sociabilidad este asilo del dolor con rapidez; con los más afamados pintores, vigila, observa, imparte órdenes escultores, músicos, hombres de y pronto desaparece. Su presen ciencia y de arte. cia es corta, como la de un genet. i ral en una parada; rápidamente Sus salones del Quirinal, en los termina esta visita de heridos. que se reunían los intelectuales CRISTO DE SAN DOMINICO En cambio, sus hijas, dos jóvede mayor renombre, recordaban nes rubias como mariposas de oro, revolotean en toá los famosos de la antigua Roma, bajo el reinado de dos los pisos de! hospital y alrededor de las camas las princesas sirias. Cuando la reina Margarita salió délos enfermos, á los que distribuyen dulces, rom- del palacio real, la aureola de sus bondades la acompiendo asi, con la animación de sus caritas risueñas, pañó á su nueva morada. la monotonía claustral del recinto. Sus risas souoras, La nuera joven y bonita llegó á ser reina, y su casi infantiles, encuentran eco entre las convalecien- presencia en Roma quedó apocada por el esplendor tes, y por unos instantes, como una ráfaga de éter déla magnífica suegra, la reina madre. que se evapora, cruza el espacio un eco festivo, de Hoy, la reina Elena, con su actitud magnánima de alegría inusitada, que desde allí se ve, cual un privi- caridad cristiana, ha puesto en evidencia sus altas legio lejano del que uo disfrutan los miserables. cualidades morales, las que le valen un florecimiento La reina Elena, desde que súpola inmensa desgra- gTandioso en su reputación de reina bondadosa, amante y heroica. cia de i íesina, cual la imagen de la Piedad, ha proLa obra más notable que actualmente emprende la digado la ternura que guardaba su corazón para con su pueblo. Su gracia morena, su belleza y majestad bella soberana consiste en el orfalinato que está llegan hasta las víctiuías cual emanaciones balsámi- organizando con toda la grandiosidad que requiere cas. Tuvo lágrimas de pesar en el momento de la ca- la magnitud del desastre. tástrofe, y sus reales manos procuraron los primeros En la Cruz Roja, donde señoritas que pertenecen auxilios ál jS víctimas del formidable terremoto. Hoy á familias distinguidas, con humildad evangélica recorre los hospitales, las ambulancias y se informa ejercen el oficio de enfermeras, hemos admirado depersonahnente de las necesidades de los enfermos. cerca, no sólo la bondad del alma, sino también la De continuo sus dádivas llegan liasta ellos y les pro- belleza seductora de los ojos de la reina Elena. curan mayor comodidad. EVANGELINA. í á w PERSONAL DE LA CRt 2 ROJA