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ESCENAS PARISIENSES p L CEMENTERIO DE LOS PERROS El primer día de sol, después de tantas semanas oculto, le he aprovechado ¿para qué dirán ustedes? ¡Para echarle á perros! Como un buen burgués de París he paseado mis aburrimientos y he ido á dar en Asnieres, en el cementerio de los peños. Era la primera vez que le visitaba, y me ha asombrado más que el lujo y la suntuosidad de algunos panteones, el cuidado y el esmero con que están atendidas las perrunas tumbas. -Pero ¿es posible? -me preguntaba. ¿No será esto una burla? Y á pocos pasos de distancia vi á una pobre señora con un ramo de violetas en la mano que se acercaba á uno de los panteones y dejaba caer el bouquet mientras se limpiaba las lágrimas con el pañuelo. ¡El dolor es una cosa muy respetable! No... Este eementerio de los perros no es una burla ni un espectáculo preparado ad hoc para solaz de los extranjeros, sino que es un santo lugar sostenido muy en serio, y donde enterrar á un can, cuesta más que una sepultura de primera clase én el Pére Lachaisse. Porque no creáis que vienen aquí á descansar tolos los infelices aíí í que en París fallecen. Para merecer el eterno reposo en este cementerio de Asnieres, je ne veux pas du Ciel! fe veux, quoi qu ü advienne, m endormir, comme toi, sans réaeil, pouríoufours. A salir del cementerio de Asnieres nos explicamos muchas cosas que en París ocurren, y no nos sorpren- r 5 hace falta ser un perro rico, uu perro, como quien dice, perteneciente á buena familia. L, os perretes pobres no pueden soñar con tales grandezas. Eso se queda para los privilegiados, para aquellos que tuvieron la suerte, en vida, de. saborear los bombones decasa de Boissier, y á la hora de la muerte la satisfacción de ver á sus amos llorar inconsolables. Esos reposan blandamente en el. cementerio de. Asnieres con una lápida sobre su tumba, donde se lee: El, f u é JA ADMIRACIÓN D E TODOS POR SU I N T E U G E N C I A SU BELLEZA Y SU BUEN CORAZONCITO SUS AMOS I, E QUERÍAN DEMASIADO ¡EIí NO PODÍA V I V I R! de ya ver cómo la gente que pasa sm detenerse al lado de un pobre que muere de hambre hace, en cambio, corro alrededor de un perro que chilla porque ¡e han pisado la patita. Y es que aquí, conforme se van debilitando todos los afectos entre las personas, va aumentando el. amor á los animales. Hace muy poco tiempo que una. señora, loca indudablemente, dejó al morir 250 000 francos en su testamento para que la Sociedad Protectora los dedicara- á mejorar la suerte de los infelices animales. Todo París ha conocido á una famosa bailarina que logró reunir una gran fortuna cultivando la galantería, al mismo tiempo que os lin- flan I a pobre murió odiando rabiosamente á los hombres- ¡ingrata! -y adorando á los animalito? Y ¿saben ustedes lo que se la ocurrió? Pues dejar la mayor parte de la herencia á la Sociedad Protectora de animales también, para que estableciera encuartes en la cuesta de- la rué de Ñotre- Dame- de- L- orette, que ayudaran á subir. á los caballos de los ómnibus. I, a Sociedad cumplió al pie de la letra lo dispuesto en el testamento y colocó un caballo, al que conducía un empleado de galones. Cuando hacía calor refrescábanle bañándole la cabeza con esponjas, cuando hacía frío le abrigaban bien con una manta, cuando llovía le tenían en la cuadra para que no se constipara. Tres hombres pagados por la Sociedad cuidaban del caballo, y un inspector iba de tiempo en tiempo á vigilar si las disposiciones de la testadora se cumplían con exactitud. En tanto, ya veis cuántos niños descalzos pasean su miseria, cuántos pobres hambrientos mueren todos los días, cuántos desesperados se arrancan la vida porque se han cansado de defenderla. Y habréis advertido que cuando se habla de casos ¡Oh! Yo os lo juro. Esto parte el alma y no se puede eer sin que sintamos las lágrimas agolparse á nuestros ojos y los sollozos anudar nuestra garganta. ¡Qué dolor! ¡Qué dolor! ¡Qaé dolor! Y hay epitafios todavía mucho más sentidos que el que acabo de traducir, porque están en verso. Leed: ton ame, Sapho, n accompagne la mienne, o chére eí noble amie, aux ignores séjours. como éstos nos suelen decir de las personas que ha- en este uso de sus millones que son gentes muy jondadosas. Yo no lo dudo, pero es una bondad que da g anas de empezar á puñetazos. JOSÉ JUAN CADENAS.