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-5 f á v te N -í á ViS TniFTICO I JN mirlo andaba á asobiar por la arboleda que se enmaraña tras el muro cercano á la calzada de Ermelo. La luz de la alborada, la que dona su primitiva forma á las sombras de conseja de las encrucij adas, hacía triunfar sobre un cielo cárdeno las ramas más altas, donde el asobio del mirlo, silvestre y pródigo, era claro como el agua cuando corre por los linderos entre cabrifollos y manzanillas en espera de los rayos eternamente jóvenes del sol. Era, pues, en un suave amanecer, una calzada obscura y pedregosa como un lecho de torrente; cercando á ésta, un muro de piedras mal trabadas; tras el muro, una arboleda, y enla arboleda, un mirlo asobiador y mentirero que remedaba el sonido de la flauta de un zagal sin cáiij: igas. Era también una vieja desdentada y miserable que caminaba chocleando con los zuecos en el barrizal, ¡flac! ¡flac! ¡flac! pues los riegos de la noche anterior, al bañar los sembrados, humedecieran los caminos. Ni un alma los andaba á aquella hora más que la vieja, que, cubierta con negro mantelo llevaba entre sí un diálogo refunfuUero, parándose de vez en vez para mirar á los campos de maizales, agitados por la brisa del alba y azotados por la. cruel sequía. Al llegar preto de la arboleda, donde el mirlo entonaba su canto, tan pronto como lo oyó arrebujóse hasta la cabeza con el mantelo puso una mano sobre los ojos, como aquel que los preserva de la luz. El otro brazo, extendido al alto, con el puño fuertemente cerrado, parecía amenazar al pájaro; apuró el paso, y cuando se hubo alejado un poco volvió la vista hacia la arboleda, y, santiguándose tres veces, dijo otras tantas: ¡Mirlo lechucero... tú eres el que conre las uvas de mi parral y haces que no crezcan mis maíces! El mirlo le contestó con un sonido más agudo j burlón, y colocándose en una rama endeble, que oscilaba con el peso, pavoneó su cuerpo negro y gentil, mientras la vieja hacía tres cruces con el dedo en unr piedra del muro manchada de musgo y de liquen: luego dijo: ¡Si mismo semejas á los mortales con tu asobio. í Demonio fuera... El pájaro siguió en la enramada hasta que el sol fué dorando el follaje por la parte más alta y echó á volar en busca de otro paraje, pues nómada viajero del aire y délas umbrías, busca los caprichosos sitios donde la sombra y donde la humedad son fragancia y alimento de insectos. La vieja continuó an nuncio y