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clilla... Pero Purita era rubia, y este rizo se está volviendo castaño... ¡Misterios del amor y... de los tintes... Grave es el olvido en todas las manifestaciones de la vida, pero en cuestión de afectos es mucho más íjrave. Los mismos seres queridos á los que perdemos para siempre, se nos suelen borrar de la memoria. Señora hay que pierde á su esposo, le dedica una Además, el pañuelo anudado puede también perderse, y entonces podemos vernos afligidos, como se vio Gedeón en idéntico caso, cuando exclamaba con pena: -No siento haber perdido el pañuelo, lo que siento es que le había yo hecho un nudo, y ahora no voy á poder acordarme de lo que tenia que hacer... Otro procedimiento para conservar la memoria dicen que es comer rabitos de pasas. Ignoro si tal sistema dará buenos resultados, porque yo, de los racimos de pasas me como siempre las pasas y dejo los rabos sobre el plato. Sm embargc, he preguntado á algunos amigos que habían hecho la prueba y me lian dicho que no es gran cosa lo que se consigue abusando del sistema, como no sea una indigestión. Somos un atajo de desmemoriados. Claro es que no todos padecemos esa enfermedad. Itidividuos existen que son verdaderos prodigios nemotécnicos. Señor hay que recuerda cuantos chistes oye contar y los coloca iuego como suyos. Algunas mujeres tienen también hermosa memoria, sobre todo para lo referente á fechas. Mil veces en nuestros hogares surge la duda sobre cuándo se casó Fulanito ó cuándo se murió Menganita. Los hombres jamás recuerdan el diapreciso, y recurren, con éxito siempre, á las señoras de la casa. -Oye, María, ¿tú recuerdas qué día se casó Dolores... -El 2 ce Mayo del 95. Fué el año que se rompió la pierna mi cunada Narcisa. Precisamente iba yo á estrenar el abrigo negro la noclie en c ¿ue supimos la noticia. Prueban estos casos que andan por el mundo personas que todo lo recuerdan. Pero la regla general no es esa. Lo corriente es que los hombres pierdan á menudo la memoria. Tan sólo ciertos sabios que escriben una Memoria preciosa lápida el primer año; una corona de siemprevivas ei segundo, y... al tercer aniversario se casa con otro. Bien hace la Iglesia al recordar á los hombres en estos días que son polvo y nada más que polvo. Hasta lo humilde de nuestro ser se nos olvida con frecuencia. Hay quien no quiere enterarse de que es ceniza, y sólo ceniza, hasta que llega eí consabido miércoles. Y ¡cuidado que la cosa es clara! Una vez acabada la vida, se acabó el carbón. Y acabado el carbón, ¿qué es lo que queda? Pues ceniza únicamente. I, a ciencia ha procurado convertir en realidad el famoso memenlo, y para que de verdad nos enteremos de que somos polvo y ceniza, ha inventado los hornos crematorios, en los que se hacen pavesas los cadáveres más rebeldes á la combustión. (Hasla los usureros arden. Esta costumbre de convertir á los parientes en ceniza, debía extenderse y abaratarse. De e. ste modo no seríamos tan flacos de memoria con nueutros muertos. Además, tendríamos el placer de conservar en ceniceros construidos ad hoc los restos de la combustión de las personas allegadas. Podríamos limpiarnos los dientes con el carbón de nuestros mayores, y hasta echar zOTí 2 yí 7; 2 z (í sobre el rescoldo de alguna tía segunda ó de algrna cuñada al horno. Lo cierto es que olvidamos con excesiva lacilidad los deudos, las deudas y los quehaceres más elementales de nuestra vida. Para evitar tales olvidos existen recursos numerosos, pero ninguno de ellos resulta eficaz. El libro de memorias es muy bueno cuando se acuerda uno de consultarle, después de haber anotado en él aquello que queremos recordar. Lo que sucede es que, ó no nos acordamos de consultarle, ó se nos pierde antes de hacer la consulta. El nudo que muchas peisonas hacen en el pañuelo tampoco da buenos resultados. ¿Para qué habré yo hecho este nudo? solemos lecir al notar el atadijo. Y no sabemcs averiguarlo. á propósito de cualquier asunto lato, no la pierden Jaujas... Y en cuanto encuentran ocasión se la leen al que tienen más cerca. ¡Jlaldita nieracria! LUIS DE TAPIA. n i B J J O S DE SANCHA