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LOS DÍAS PASADOS... 1 A Cuaresma nos convida á meditar. Meditemos. De las pasadas fiestas no queda más recuerdo que alg- unos bronquios deshechos y algunos oídos pulverizados. Saldo de cuentas: que la serpentina ha muerto á manos, naturalmente d e quienes la disp a r a b a n no como juguete, sino como proyectil; que el confetti perece también, éste por c o n s u n c i ó n E s el ú n i c o papel q u e e s t á en baja. Cualqtiier otro, el del Estado sobre todo, está en alza. Véanse las cotiza clones d e la B o l s a si no. Este año se le ha despreciado, y hasta el ingenio de los golfos le ha tomado á pitorreo, p r e g o nándole así: -i Confetti perfumado c o n agua de Lozoya... La humillac i ó n le hizo perder el color. Le hará perder la existencia cualquier poeta melenudo dedicándole un canto. El día menos pensado leenics: Al víltimo confetti. Soneto. Y no es soneto. ¡Es la puntilla! Se marchó el divino Anselmi. Cantó cinco vece. Manon y dos Tosca, amén de varias canciones en la función á beneficio de la familia de Peral en el Español. Se llevó 35.000 liras por honorarios, y nos pareció poco. Si por las señoras hubiera sido, habría cobrádo mejor dicho, le habría dado la empresa, que no es precisamente lo mismo- -aquella cantidad por cada una de las funciones. Ha quedado, pues, el gran tenor erigido en celebridad como los Massini, los Gayarre, los Stagno, los Tamagtio, que también cobraban 5.000 liras, y que cantaban óperas que electrizaban á nuestro buen público, Hugonotes, Roberto el diablo, Fausto, Africana, Profeta, entre otras, ya casi olvidadas porque ya no hay quienes las canten, según rumores. Volverá Anselmi al año que viene, y volverá la Storchio, 5 juntos cantarán Romeo y Julieta, y el eximio Benavente no tendrá necesidad de defender á Anselmi de injustas imputaciones de celos artísticos. Y quiera Dios que no tenga necesidad de hablar de las desafinaciones de los tenores alemanes empleando la ironía con que trató á Wagner en La princesa Bebé. Los sinceros admiradores de Benavente deploramos su antiwagnerismo, y deploramos también el qiie no sepamos perdonar á algunos artistas alemanes una desentonación á cambio de su arte supremo. Yno nos las echemos de fino oído, porque si á los alemanes, hechos y todo á las desentonaciones, les llevamos zarzuela española cantada por muchos de los intérpretes que olmos todas las noches del año en Madrid ¡qué de cosas dirán de nuestra vocación al bel cantol Más claro: no se pueáe ser intolerantes coQ un alemán, aunque desentone, y tolerantes con cantantes como Carreras, Ontiveros, Chicote, Mesejo, Gouzalito y otros artistas, sin señalar al se. xo débil, donde hay también eminencias que con nuestra benevolencia cantan como las ranas! Todo ello amén de que si un Van Dick, tenor, no de escuela alemana (nide nacionalidad alemana) sino de óperas wagnerianas, ó un Alvarez, intérprete igualmente de Sigmundo y Sigfredo, viniesen á c a n t a r á Madrid tampoco gustarían. De seguro. El furor carnavalino ha restado novedades á los teatros. Sin embargo, algunas se han registrado. En Price, x) or qemplo. tienen público unas focas amaes- l í a y quienes apetecen la Cuaresma, no sólo por la paz moral que gozan sus espíritus con la práctica de piadosos ejercicios, sino por comer de vigilia. Esta vocación al potaje se explica, porque es tan antipático el llamado clásico cocido que le hace bueno la no menos odiosa mezcla de garbanzos y espinacas con fragmentos de bacalao intercalados en el texto. Ahora, que convendrán ustedes en que para los aficionados á la vigilia no hay mortificación alguna en comer de viernes. A esa afición por el rico Langa ó por el sabroso Escocia, como irónicamente le llaman los tenderos de ultramarinos al colgar los descabezados peces- ¡bien descabezados y bien colgados están, cual míseros criminales! -en las puertas de sus establecimientos, como al progreso de las doctrinas vegetarianas, contribuye el respetable gremio de matarifes y sus similares, sirviéndonos carnes para las cuales no ha 3 diente posible. Cundirá, como consecuencia, el culto al pescado, y llegará día en que declaremos que los enemigos del alma son tres: el mundo, el demonio y el bacalao. tradas que constituyen un espectáculo de singular atracción. No cantan, acaso porque las falta humor,