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CON SU PODER FENOMENAL ESTE HOMBRE HACE IWILAGROS Los ciegos ven, los paralíticos andan. Los inválidos condenados por la Facultad recuperan la salud por medio de él. No hay una sola enfermedad que no sepa cu r Él suprime los dolores, cierra las Hagas, cura los cánceres, la tisis y los tumores, y opera maravillas que asombran á la Medicina moderna y desafían toda explicación Notable oferta de consulta gratuita, hecha á los enfermos afligidos. Él los cura en su propia casa, sin verlos, tan fácilmente como si estuvieran en su presencia. Nueva York (EK. UD. de A. Correspondencia especial. -Las curaciones casi maravillosas llevadas á cabo por el señor Profesor G. A. Mann, de esta ciudad, son de carácter tan sorprendente, que han causado una viva é intensa curiosidad, inniensj asombro y no menos graride admiración. Numerosas veces ha tratado á enfermos reconocidos como incurables por todos los médicos, Y los ha devuelto a l a salud y a l a vida de la manera más incomprensible, Su método está rodeado de profundo misterio, porque es un hecho probado que no se sirve de ninguna de las drogas proscriptas por los médicos. Pretende haber descubierto cierta ley natural que posee propiedades especiales que eran desconocidas hasta hoy; con el empleo de estas propiedades ninguna enfermedad puede permanecer inojirable. Ha sido establecido, por medio de pruebas innegables, que el misterioso poder que le ha procurado este descubrimiento le permite devolver, la vista á los ciegos, y á los paralíticos el uso de sus miembros. Por- medio de él, él revive la chispa de vida pronta á extinguirse en las personas que se hallan al borde de la tumba, y devuelve la salud á los enfermos condenados por las mismas autoridades médicas. Parece ejercer una autoridad absoluta sobre las enfermedades que roen á la humanidad y parece dictar su voluntad á la muerte misma, Sns consejos son absolutamente gratuitos, y á pesar de que su saber lo coloca en condiciones de limitar su práctica á la clientela rica y de atesorar así una considerable fortuna, prefiere dar gratuitamente sus consejos á todos, sin distinción de rango ni do fortuna. Mi desou brimiento me pertenece, dice él, y me sirvo de él como mejor me place. Puedo curar con tanta facilidad la tuberculosis, el cáncer, la parálisis, la albúmina, la neurastenia ó cualquiera de las otras supuestas enfermedades incurables, como puedo curar el reumatismo, los desórdenes gástricos, el catarro, el envenenamiento de la sangre y las demás enfermedades que afectan al organismo. Tengo el mismo afán, el mismo anhelo de dar mis consejos al pobre como al rico. Guando se trata de la salud y de la vida, el dinero deja de ser un factor de importancia á mi modo de ver. Curo al príncipe y al mendigo bajo la base do la igualdad. Ante mí, como ante la ley, todos son iguales; no hago cuenta que existan diferencias sociales entre mis enfermos. Si me agrada más prodigar mis cuidados á todos indiferentemente, nada puede impedirme hacerlo; aún hay más, continuaré á curar á los enlermos según estos principios, durante el mayor tiempo posible; mientras sea capaz de hacerlo. Lo que los otros hagan ó no hagan, en nada puede tener influencia sobre mí. Siento que es mi deber curar á los que sufren; no psiedo dejar á mis semejantes hacer vanos esfuerzos para ahuyentar la enfermedad cuando en mi poder está el ayudarlos, porque de nuevo afirmo que no existe ninguna enfermedad que no pueda yo curar. sEsla afirmación le parece á usted osada? Tal vez lo sea; pero no lo es más que la expresión de la verdad misma. Conozco el maravilloso poder que poseo, porque con mucha frecuencia lo he puesto á prueba, usted sabe que la tisis pulmonar se supone incurable; y bien, no hace mucho tiempoque una iovencita, miss H, L. Kelly, de Sal Cove, fué informada por sus médicos qa estaba atacada por ia tisis y que sus días estaban contados. A los ojos de estos n. édieos el mal era incurable. La ¡oven se desesperaba. ero yo la curé á pesar del veredicto de la facultad: he carado sus puimcnes y devuelto á su demacrado cuerpo J a gordura perdida. Una señora de Montbelliard, qae padece de esta terrible enfermedad y actualmente se eneuen ra bajo mis cuidados, me escribe que ya casi está curada, y muy pronto podré contar una victoria más sobre la muerte. Sadie podrá comprender jamás el placer que experimento al disputar á la tumba la presa que reclama; nadie llegará á darse cuenta del júbilo que me procura esta dominación absoluta que sobre la muerte ejerzo. La terapéutica moderna jamás ha curado un cáncer. La cirugía hace operaciones, pero el cáncer vuelve siempre, y lenta, pero seguramente, trae consigo la muerte. Yo curo el cáncer, y esto sin syuia del bisturí. Yo no teng. j necesidad de cortar las carnes, aserrarlos huesos; mi tratamiento es fácil, agradable, y no causa dolor alguno, empero el mal desaparece, una de mis pacientes, madame Melen, de (Jovington, estaba atacada por este terrible mal; ella veía ante sí la horrorosa muerte, pero se confió á mis cuidados y sanó completa y radicalmente. La parálisis es otra enfermedad supuesta incurable. El señor A. Tournant, de Vincennes (Sena) sufría de este mal terrible. Al cabo de unos cuantos días de tratamiento pudo abandonar su carruajito, en el que había pasado ocho años. El señor l- -tienue DD RET, calle Biret- La Musse, Nanles (L. 1. fué curado en ocho días de una neurastenia que hacía once años amargaba su vida. El señor DOCBET dice por todos partes que yo hice con él un milagro. El señor Rene Larcher; de Champ, par Cellos, hacía treinta años que padecía de reumatismos articulares: no podía andar, comía muy poco, pero engordaba mucho; le era imposible hacer cualquier trabajo; quince días do mi trata miento lo han curado. El señor Federico GOOS, de Sehwerte, Alemania, hacía seis años que estaba ciego, á consecuencia de una catarata que afectaba ambos ojos; en cinco días fué curado sin operación de ninguna especie. Los casos que acabo de citar han sido tomados al azar de los registros de mi correspondencia, en donde se encuentran clasificados cen tenares do casos idénticos; si los hago públicos, es sencillamente para demostrar que no existen las enfermedades incurables. Estas enfermedades podían ser incurables antes de que yo hiciese mi descubrimiento, pero ahora ya no lo son. ¿Pero cómo opera estas curaciones maravillosas? ¿Por qué posee usted este extraño poder? Necesitaría mucho tiempo para explicar eso; pero he aquí un libro del que soy autor, y en el cual describo mi desoubrinuenio y mi manera de curar á los enfermos; no vendo este libro, lo distribuyo á las personas que se interesan en mi descubrimiento; lo envío gia. tuitamente á todos los que me lo pidan. A más, á toda persorja que al escribirme me in iiquesu sexo y los síntomas de que sufre, le mai. daré el diagnóstico de su enfermedad, al mismo tiempo que el libro Las Fuerzas Secretas de la Naturaleza Le diré también la cansa de los síntomas de que sufre actualmente y la manera de obtener su curación por medio de la Radiopatía. Ha sido abierta en París una oficina para la correspondencia. Para, recibir todos estos informes basta con escribir una carta y diiigirla al Sr. G. A. Mann. Depto. 103 A. Boíte, 92. Hotel des Postes. París. A todos los que me escriban les daré! a prueba evidente del poder que poseo. ¿Pretende usted que todo el mundo sin. excepción puede aprovechar esta bondadosa oferta? Digo absolutamente lo que pienso y haré rigurosamente lo que digo: todos los que me escriban recibirán mi libro, 1 diagnóstico d- e B enfermedad y la- prueba- de mi p- oder, á título absolutamente gratuito. U