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ESCENAS PARISIENSES I A REVISTA DE FOLIES BERGERE ¡Ya se estrenó la revista de todos los años! ¡La revi. sta de Folies Ber gerel ¡El gran acontecimiento de la temporada! Decorado suntuosísimo, trajes como no se habían visto, pantorrillas á centenares, y tules, y gasas, y efectos de luz, y todo, en iin, lo que puede recrear la vista de los espectadores. l libro, escrito por Flers, es más insulso, si cabe, que los de años anteriores; la música, arreglada por el director de orquesta del teatro, pertenece á todas las nacionalidades: es rusa, inglesa, vienesa, húu: gara, española... ¡Oh! La música española está muj bien elegida... Al cabo del tiempo y de los desastres, los españoles residentes en París hemos vuelto á oir, los marciales acordes de la marcha de Cádiz en el cuadro preparado para presentar al duque de Alba, que es Mlle. Brieur. al frente de ios giaiides de España, interpretados por Miles. Paola, Louise, Maquin, Fleury, Halyue, Leclerc y Senoque. ¡Jamás vi grandes de Esipaña con mejores formas! Una gran parte de la revista está consagrada al género inglés que boy en París priva sobre todos, gra. cias á la entente cord al pero no es menor la que los autores dedican á España. No podía fait- ir la inev. -table cuadrilla de señcritas toreras con su matadora correspondiente, que ya calcularéis que s? baila un zapateado, dando á las pataditas el más puro acento del Tániesis. Y hay que ver á Marta Lenclud, que es la matadora en cuestión, salerosísima cuando capea, valero. s k al liacer todas las sueltes delante de un toro de ma dera que al recibir la mortal estocada saca la lengua, mientras de la lierida surge un bouquct ae rojos claveles. E; 1 fc í í íarf í, en tanto, grita ¡ole! dice ¡viva España! y ¡caramba! Cosas todas que indudablemente debe haberle enseñado el señor de Flers, el cual demuestra así al público sus conocim euto. s lingüist: c- s. La palabra ¡caramba! principalmente ha tenido fortuna en el escenario de Folies Bergere, porque in; ss Campton, esta inglesa rubia que en estos momenlos hace correr á todo París, no dice otra cesa á cada instante. Menos mal que esta vez los autores de una revista no nos han puesto del todo en ridículo á los españoles, y salvo que los grandes de España son puramente fantásticos, cjue las señoritas toreras bailan y se menean todo lo mal que pvieden, y que la palabra carrramba. pronunciada á tontas y á locas no dice nada, lo de: más puede pasar por español. Porque lo demás... es ia música. El scholis del Cu- Cu. la Paraouaya, la Ahila Pancha, claro que es uuisica es. pañola, y algo tendrá el agua cuando la bendicen, porque es le único que al público le alegra y le hace aplaudir con entusiasmo. El resto concluye por aburrir y molestar, pues se reduce á cir una colección de coup c s, eternamente los á ver las mismas pantornllas con mallas de distinto color y las cabezas de las constas con diversas pelucas. Pero e! teatro está haciendo un negocio redondo, porque ya sabéis que es de buen tono venir á ver todos los años la revista de Folies Bercjere, y París no deja nunca de cumplir esta sagrada obligación. Los resu la. dos lian sido fantásticos esta vez. Tanto, que la Dirección se ha vuelto loca, y ha llenado París de carteles anunciando la cifra de las entradas que en un solo mes ha dado la obra... ¡Agarraos bien, autores y emprc- sarios! En un mes la revi. sta de Folies Bergere ha hecho 400 oco francos de eniradas. ¡Cuatrocientos mil francos! Asi se comprende que estas empresas gasten 300.000 en trajes y decorado para montar una obra, y que paguen sueldos estupendos, como el de miss Campton, que cobra 300 francos diaiios. ó el de IMax Dearly este verano en el Moulin Rouge, que percibía 500 francos todas las nocues. Y la revista de Folies Bergere no ha dejado todavía de dar dinero, porque ayer sábado había cola en la puerta del teatro, y París fué á dejar en las taquillas lóooo francos á cambio de localidades. Lo asombroso, sin embargo, no es esto... Lo asombroso es que la obra en cuestión no es más que una pura gansada desde el principio hasta e! fin, una majadería tan grande que crispa los nervios. Su autor no logra hacer reir al público más que en un momento que sale una troupe de payasos á darse coscorrones y pataaas. Pero aquí le tenéis, tan hueco, tan orondo, tan satisfecho, saboreando su triunfo y cobrando muy buen dinerito, mientras los directores de los teatros le solicitan y ofrecen pagarle dobles derechos si les da una obra. Hoy, en el mundo teatral parisino, no hay más que dos figuras de verdadero relieve: el autor de Clicinteclcr y el autor de la revista de Folies Bergere. JOSÉ JUAN C D E N A S