Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
P PITA- -Pero es que los sineño. s se realizan. ENRIQUE. ¡Qué se han de cumplir, chiquilla! Tiene gracia tu sueño. ¡Abandonarte al mes de casado, por la viuda de un capitán! ¡Qué tonterías se sueñan! PEPITA. -Sí, ya sé que ahora no me abandonarías... Pero, ¿y luego? ¿Estás seguro, corriendo el tiempo, de no engañarme nunca? ENRIQUE. ¿No he de estar seguro, cliiqnilla? ¡Qué cosas preguntas! Nada, lo que te digo: celos, niiiuos... Eres feliz, y sueñas que eres desgraciada... Bonitos sueños. Pero, ¿qué es es o? ¿Otra vez? ¡I ero, Pepita de mi alma. PEPITA (toda coinpniígida) ¡Ay, Enrique! ENRIQUE. -Mira, hijita, procura no beber agua antes de acostarte; no te eches del lado izquierdo... Dicen que con eso se sueña, que consulte con el sé por qué te empeñas eu tomarlos al pie de la letra. ESCENA SEGUNDA PEPITA (á su marido, que uiene de la calle) ¡Enrique! ¡Enrique mío! ¡Abrázame! ENRIQUE. ¡Encantado! ¿Y quieres decirme á qué se debe esta radiante alegií; i? ESCENA T J Í K C E K A PEP; TA. ¡Perdón, Enrique mío! EÜNRiocE- ¿Qué dices, Pepita? ¿Perdón? PEPIT. ¡Si, Enrique mío; soy la mujer más infame del mundo; pero perdóname, yo no tengo la culpa; me he enamorado sin saber cómo de otro hombre, y me he ido tras él... ENRIQUE- ¿Eb? ¿Pero está loca? ¿Qué galimatías es ésLtr? ¿Quieres explicarte? PEPIT. -Sin saber cómo, te lo juro, he estado á punto de escaparme con un capitán de Lanceros... quise re. sistir, pero fué inútil; me enamoré y te abandoné; suDe que el capitán iba á París y á Italia, y me fui tras éi buscándole. Y he estado una semana en París... y dos en Itali; i... ¡Y tú, á todo esto, pobrccito mío, roncando! ENRIQUE (jine ha oído esíapefaclo) Vox María SaiUitiir: a, Pepita! ¡Podías haber empezado por decir que lia sido un sueño! PEPIT. ¿Me perdonas, Enrique niío? Te he sido infiel de ijens aniento, pero en sueños y sin querer. No sé qué fuerza misteriosa me arrastraba h; icia el capitán... Pero despierta, sólo tú rae arrastras, línrique mío... j r i 4 (i i i r i i i- i n. PENTA. -A que me han asegurado, me han jiírado que me engañas, que me estás engañando... i -lNRIOUE fdesconceriado) ¿Eh? PEPITA. ¿Verdad que no es posible, Enrique mío? ¿Verdad que no es posible? ¡Tú, tan bueno! Miente quien diga otra cosa, quien crea otra cosa... ¿Verdad que miente? ¡Di que miente, Enrique mío! EUNRTOUE. -Claro que miente. PEPITA. ¡Claro que miente! ¡Envidian nuestra unión, nuestra felicidad, lo bueno que tú eres... Lo que he oido es una calumnia, una absurda calumnia... Mira, anoche, sin ir más lejos, soñé que me querías mucho, que me eras leal, fiel... ENRIQUE. -Soñaste lo que es verdad. PEPITA. ¡Que era yo para ti lamujermás hermosa! E NRiOüE. -íixacto. PE ITA. ¡Y tú el marido más fiel! ENRIQUE. -Elxacto. PEPITA. ¡Y tú y yo el matrimonio más feliz! ENRIQUE. -Exacto. PEPITA. ¡Qué bueno eres, qué contenta estoy, qué verdad son mis sueños de anoche! ¡Dices tú- que no son verdad los sueños! ElNRiouE. -Estos, sí; ¡qué duda cabe... Sueños alegres, sueños felices, aunque fitesen mentira, valdría la pena de creerlos, ¿verdad? ENRIQUE. -Mira, Pepita, hoy mismo llamo al médico para que te observe... Llevas camino de parar en Leganés con todos tus sueños. Un día sueñas que yo te abandono; otro, que eres la esposa mas feliz; otro, que te escapas para robar á un capitán... Como comprenderás, con estos sueños la vida se hace imposible. Y va á llegar día que no sepas diferenciar lo que es verdad y lo que es sueño eu tu vida. Pepita, hoy mismo vendrá D. Antolín á observarte esa grillera... PEPITA. -Parece mentira, Enrique mío, que tomes en serio mis sueños. Si no los puedo evitar, ¿qué he de hacer? Y, á serte franca, me gusta tenerlos; me divierten. I- ioy sueño una tontería; mañana, un disparate, y vamos viviendo. Preferible es esto á que sueñe despierta, como tantas mujeres, los mismos dis parates... Sólo con los ojos abiertos son peligrosos estos sueños. Dormida, lo mismo da ser feliz que desgraciada... Despiertos, en cambio, no es la realidad, son los sueños los que nos hacen desgraciados ó felices. Despierta j o, no tengo más sueño que quererte mucho. Y queriéndote, soy feliz como en mi sueño más hernioso. Y tú, Enrique mío, ¿no sueñas? ENRIQUE. -Sí, hija mía; sueño con que venga don Antolín para evitarme el tener que acompañarte un día á casa de Esquerdo. J. ORTIZ DE PINEDO DIBUÍCS DE MÉNDEZ BPINGA