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Én casa de los señores de Pérez se está ya organizando el consabido camión de amapolas, y, si no locos, j) or lo menos imbéciles están casi todos los mucha- chos que organizan la carroza. ¡Qué de ir y venir en busca de percalina verde y de satm rosa... ¡Qué de regatear el precio del carro... Y ¡qué de echar cuentas y más cuentas para que la broma salga baratita... Pues ¿y las lindas cóntertulias de las reuniones de Pérez... ¡Lo que ellas cosen y se afanan para que los disfraces resulten primorosos... ¡Las puntadas que dan para que á las tales amapolas no les falte más que oler... Este Febrero trastorna las jóvenes cabezas y enloquece á los que asisten á esos tranquilos hogares donde se recibe una vez por semana. La locura carnavalesca nada respeta. A estas horas uu sin fin de futuras mascaritas preparan con frenesí sus polícromos atavíos. Conozco varios jóvenes del bloque que se piensan disfrazar de liberales y que están medio locos, tanto por haber ingresado en el nuevo partido, cuanto por hallarse en vísperas de que nadie los conózcamelo no sólo es el Carnaval el que imprime carácter á Febrero. En Febrero existen otra porción de locuras á cual más famosas. La primavera, que j a en este mes comienza á mostrarse, es causa de la sed de amar que en todos los pechos brota. La locura del amor es una de las más graves locuras de esta época. Febrero es un mes á medias consagrado á Cupido y al doctor Esquerdo. Hombres y mujeres sienten en sus almas el deseo de ser correspondidos. Las mujeres pasan su vida entera locas de amor. Para las señoritas apasionadas todos los meses son iguales. Tan sólo varía, con el tiempo, el objeto de su cariño. Porque eso sí; las hay que cambian de novio como de pañuelo. Pero por todos y por cada uno de ellos, se sienten locas. La mujer llega á esta locura con mucha facilidad, ó por lo menos llega á decirlo muy fácilmente. Ahora en Febrero la exposición á De la helada de las flores del almendro se ha abucaer en tal estado es casi segura. El aire tibio, el perfumado ambiente y el galán también perfumado y sado un poco en todas las descripciones de Febrero, tabién tibio, causas son que contribuyen á que se lle- pero siempre es poética y por eso nos agrada. Y es que de músicos, de poetas y de locos, todos nen de enfermos los manicomios amorosos. También los hombres experimentan en la actualidad parecidos tenemos un poco... Y en este mes tan mochales más que un poco. fenómenos. Pero el hombre entiende la locura amoLuis DE TAPIA. DIBUJOS D SANCHA rosa de modo distinto. Para él lo principal son los celos. El galán que se vuelve loco por su dama, piensa, antes que en nada, en matarla. Los señoritos soberbios que matan á su novia en un ataque de locura, los chulos que la esperan á la salida del taller para llevársela por delante y los cobardes que no entienden el amor sin srnith, están, desde que empezó Febrero, haciendo ejercicios de tiro al blanco en sus respectivos domicilios. Cupido nos libre de esta manía y nos depare un amor tranquilo, sin ataques furiosos y sin cápsulas del 9. ¡Quiera el dios de las flechas que el fin de todoafecto amoroso sea una eterna luna de miel! Ya que la luna es también cosa propia de Febrero, al ser el astro que simbólicamente representa la locura. Quizá por eso mismo hagan tantas barbaridades los amantes despechados, que son los que se quedan á la luna de Valencia. jAh, Febrerillo loco! No son tus únicas locuras las que van apuntadas. En tu reino un sin fin de? 2 ffi í 7 aí temerarios se lanzan á las taurinas lides. Los novilladas comienzan en tus días, y allí sí que se ven locos arranques de valor. Público y toreros demuestran por igual que no están en su juicio, y que una de las más célebres locuras de este Febrero mochales es la locura taurina. Y á ésta hay que añadir la locura política, este año más exacerbada que en ningún otro. Solidarios y antisolidarios acabarán con nuestra razón y puede que con nuestra paciencia. El que en el mes actual no se vuelva loco con las mancomunidades, podrá volverse con el estreno de Chantecler, que también marea lo sityo. (Esto de lo suyo va muy bien con aquello de mo chales. Y ya no queda sino una locura de que hablar á ustedes. La locura del almendro. El impaciente frutal, apenas Febrero llega, cuaja sus débiles ramas de florecillas sonrosadas. Sobre el tono invernizo y pardo de la tierra destácanse los blancos pompones que forman los nevados almendros. La alegría carnavalina es menor que esta alegría de vida y renovación con que nos brinda el árbol florecido... Pero ¡ay! que la primer helada viene á acabar de pronto con esta locura floral...