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liebre, que, ciega por el hoíítigo del ojeo, no vió al cazador. Este la encañonó; pero no pudo disparar porque el animalito llegó á sus pies CMando la escopeta, siguiendo la puntería, estaba en posición per- Otra nota interesante: la de la condesa Labia. Debutó sin aparato, sin bombo y platillos, con la Margarita de Mefislófeks. Gustó mucho. Además es muy guapa, y además de además es condesa legítima, no de las que tanto abundan en el país donde ¡os títulos se prodigan. Claro que de nada la hubiera valido el suyo de no cantar bien 3 de no ser muy artista y muy bella; pero reconozcamos también nuestra debilidad por la aristocracia cantante. Una Margarita ó una Elena con corona condal es cosa curiosa. ¡Pues luireu ustedes que una golfa como la Mimi de Doheme... L, as abonadas del Real se quejan de frío y piden más calefacción. Vamos, se sienten Montero Ríos en lo de frioleras; pero ¡ay! algunas no se sienten castellano de Ijourizán en lo de h, blar poco. ¿Y á la Natcha Truhanowa la han visto ustedes? Es muy hermosa también; hace maravillas en pantomimas y danzas. Pero para que su éxito en Madrid fuese el de París, se necesitaba ¡poca co. sa! que tuviésemos Avenida de la Opera, bulevares de la Magdalena, de Capuchinos, délos Italianos, de Poissoniers, etcétera, un Moulin Rouge, un Olimpia, un Follies Bergére, una población flotante de medio milión de almas, otra fija de miUóu y medio, nuevos gustos v costumbres... ¡Nada más! Y á ver La 7 vuda alegre, ¿no han ido ustedes? ¡No faltaba más! Su música es deliciosa. Play la esperanza de que la de su famoso númeio marsoviano con el que distrae sus nostalgias Danilo, ó del dúo- vals distraiga las nuestras, haciéndonos olvidar lo de la canción del vagabundo, que atruena nuestras calles y agota nuestra paciencia. Amén. pendicular. Trepó por ella la liebre, dobló el hombro del cazador y se metió en el morral que éste llevaba colgado á la espalda. Y ahí está la escopeta con los arañazos que con las uñas hizo en el cañón al subir Dor él el aturdido mamífero ¡Eso sí! hay cisie advertir que el cazador es andaluz. ¿Han oído ustedes á Anselmi? De seguro que sí. ¿Han oído ustedes á la Storchic? De seguro que sí también. Son las dos figuras teatrales del día. Son dos grandes artistas. El público se entusiasma con s u s indiscutibles méritos. Las damas, además, admiran la gentileza y ladistinción de Anselmi. A los caballeros n o s gusta más la Storchio. ¡Naturalmente! Pero ambos cantantes son bien dignos del entusiasmo del público. La unanimidad se explica perfectamente. C o n un Des Grieux como Anselmi cualquier criatura se siente Manon. Con una Manon como la Storchio, ¿quién no cuelga los háliitos? La lluvia hizo su presentación el lunes. Se la esperaba, no como agua de Mayo. sino como agua de Febrero, que es mejor, sobre todo en esta ocasión. Desde ese día atrae nuestras miradas el barómetro. ¡Si con ellas pudiéramos mantenerle en baja! Percha quie- nes no creen en la paz de los sepulcros ni en las oscilaciones dei barómetro. Los pescadores del Norte le desprecian soberanamente. Dicen que es un ehisine que no puede funcionar, porque nunca se le da cuerda... ANGF. L M CASTELL. Dimij DU H DJNA VERA