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i í r f 11 íS íc; ae JSfeiví ífSíii- I EAX Lorrain escribía de Niza á su madre: Desde mi J cama veo las barcas; allí quisiera morir. Aunque el solo nombre de esta ciudad nos sugiere el cuadro burlón del Carnaval con su festividad florida, exuberante de movimiento y color, como los lienzos de Wilette, el alma de la ciudad es melancólica. No nos sorprende que la exquisita sensibilidad de Eorrain no fuese ajena á esta influencia nostálgica. El aspecto del gran malecón, llamado paseo de los Ingleses; del Casino municipal; de la Fetée con su magnífica rotonda de conciertos; el de la hermosa plaza Massena, con su calle que imita un trozo de bulevar parisiense, y el de las vidrieras lujosas con sus joyas y novedades, sólo revelan la fisonomía aparente de todos los lugares de recreo. Este es el tocado ó la máscara con que igualmente se cubre Niza que Ostende ó Truville. Eo pintoresco de Niza son sus montes, suc colmas, sus naranjos floridos, sus olivos sicilianos, sus lirios florentinos, su. s pinos aromáticos, los manojos de rosas que sobrepasan las barandas de las vi hs, y su mar, su mar azul cual un monte de turquesas que se estremece lejano, bajo la quimérica visión de la luna. El pueblo que vive entre el olor de pescadillos rosados como corales, lilas, azahares y anémonas, es sencillo y supersticioso, sobre todo, supersticioso por su herencia latina. Entre sus leyendas, tiene una que nos seduce por la poesía que encierra: la de la Virgen Tatia, cuyos suspiros se escuchan al pasar por las ruinas del circo romano en las noches de tormenta. No menos interesante es la historia fabulosa de la heroína popular Catalina Segurane. Kr F E: jyriMieivio E: Mpara conmemorar MI El Municipio, su heroísmo, h a dado su nombre á una calle que desciende del lado donde está situado el célebre Cháteau. Catalina Segurane representa en Niza la glorificación del feminismo primitivo. Tanto la historia, cuanto la tradición, conserx an el recuerdo de su patriotismo. A su valor se debió la salvación de la ciudad el año 1543, cuando fué atacada por el ejército francés, bajo las órdenes del duque de Enghien, y por una flota turca, gobernada por el corsario Barbarroja. Esta animosa mujer tomó una bandera en las manos, y, agitándola en el espacio, arengó al pueblo á que defendiese la plaza, lo que decidió el tiiimfo. 1 feminismo moderno no lucha con las armas de la guerra; su actitud es menos belicosa y más razonada, ü n libro de Mr. Théodore Goran, Auc eur du ha levantado una polémica periodística, pues entre otros cargos que hace al feminismo, lo considera antimilitarista, por consiguiente, socialista y hasta anarquista. Estos juicios los rechaza con gran inteligencia y dando pruebas de buena erudición, la notable feminista Anme de Keal (seudónimo de la marquesa de Johanis) en un editorial de su importante periódico ElFeminisla. Ea marquesa de Johanis es una escritora sagaz y de talento; tiene en prensa una novela defendiendo la maternidad contra todos los prejuicios sociales, y una comedia en verso. En su trato es fina y distinguida como una gran dama. Hoy se le considera en Niza la heroína del feminismo analizador y razonado; así como antes Catalina Segurane lo fué de la pasión patriótica. EVANGELINA. í ií