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MUCHO DEL PRADO ALONSO CANO ir MrT lANno las noticias biográficas íjue de este pui or se di ron al publicar su cuadro La Vi. r j iii. adojfíK. ío a su Divino Hijo, consignaremos í ue del lance dramático ociirr: d á Alonso Cano entre los años 1639 y 1652 habla también D. José Pellicer confinuando lo que ai pintor historiógrafo Palomino refirió D. Rafael Sanguineto acerca del asesinato de la mujer de Cano y del tormento que sufrió éste, aunque inocente, por indicios de disgustos que lenta con cl! a sobre mocedades suyasCuéntase que al entrar en su casa una noche encontró Monso Cano á su mujer asesinada, robadas sus allí ajas y ausente á un italiano que vivía con ellos. En el fugado recayeron, desde luego, las sospechas de haber cometido el crimen, pero la justicia hubo de perseguir á Cano como presunto reo, atribuyendo el delito á un arrebato de celos, ó quizá al propósito de librarse de su mujer para poder casarse con una señora de quien estaba muy enamorado. Asi explican su huida en secreto I Valencia y su refugio en la Cartuja de Portaceli, donde, como ya se dijo, ejecutó muchas obras. Respecto de la determinación del cabildo de (rranada de dar por vacante la ración qu Alonso Cano disfrutaba en aquella catedral, Palomino que á ella contribuyó poderosaiacntc un hincc que al adusto pintor le ocurrió con un oidor de la chancilleria de la ciudad del Dauro y del Genil, ¡ue produjo gran escándalo. Habíale encargado el oidor una imagen de San Antonio de l adua, y como al tratarse de su precio regateara el magistrado el valor de la escultura, Cano, dejándose llevar de la impetuosidad de su carácter, cogió la efigie que le habia encargado y la hizo pedazos contra el suelo. Gustavo Geffroy, el autor de Los Museos de- Eurolia, dice, con excelente juicio: Hay un contraste singular entre el hombre y su obra. Obra esencialmente ponderada, reflexiva; vida llena de episodios trágicos. 5 De Cano lio puede afirmarse que el estilo es el hombre. Según ¡Madrazo, aún cuando su escuela fué el naturalismo, por efecto de sus estudios clásicos sobre lo? márnioles antiguos y del presiigio que mantenían entre los doctos las escuelas romana y florentina, se advieriea en Cano marcad; is tendencias á un idealismo sm c ¡icris. que, sin caracterizarse en reminiscencias de Rafael ó. de Miguel Ángel, de Guido ó de los Carraccis, aspira, no obstante, á mayor elevación y nobleza que la rr- c daban á sus producciones los pintores andaluces de su épocc. Cristo crucidkaiiü. ivstc ei atiro üe Cano, t Ue figura en uuLstro? iIuseo del Prado, á jjesar de no mencionarse SAN JERÓNIMO