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íar coj (sííaPO REVISTA ANO XIX ÍLusTí ADAf NUM. 927 MADRID. 6 DE Í- EBRERO DE 1909 T f 4 í i r f. Jt tía. LOS PENDIENTES apenas logrado su antojo, Floraldo empezó á cansarse de aqueJIa hermosura, más de ángel que de mujer; de aquellos ojos puros, claros, luminosos; de aquel cariño ideal y absoluto, que estaba seguro de no perder nunca. S como quien dice cansado dice inconsT tante, y Floraldo uo vivía sin nuevos empeños, y nuevas ansias, y nuevas calenturas perniciosas de amor, acometióle una afición desatada por cierta danzarina, hija de un hebreo y una gitana de la Sierra, que bailaba en las plazas públicas sobre un tapiz polvoriento, y sonreía con igual sonrisa cruel y cínica de sus labios embermejados á todos los barraganes de la ciudad. Y fué lo peor que Mará- -la amarga, la cava impúdica, la sonriente- -sólo á Floraldo dio en poner desabrido gesto. Ni ruegos ni dones la ablandaron, y con la espuela de la dificultad, Floraldo se exaltó, disparado y loco, y llegó al extremo de poner á disposición de la bohemia, cual si arrojase un zequí sobre la alfombra que zarandeaban sus pies, fortuna, nombre, cuanto ofrecer puede un sediento de felicidades que la fantasía agiganta, á la mujer que se ha hecho dueña de sus potencias y sentidos. Ni por esas cedía Mará á las súplicas del galán. ür. OK. ALDO era cumplido mozo y de veras lindo ga lán. Y dicho que era galán, parece ocioso añadir que era también perdido enamorado. Solamente- -dueñas y doncellas honradas- -que hay muchas maneras de ser enamorado perdido. Unos se enamoran por lunas, y trastornados de amor están mientras la blanca Febe cumple su rotación en el firmamento; otros, por años, y aman con delirio desde las últimas nieves de un Enero hasta los cierzos duros del siguiente; y hay quit- -aunque os parezca punto menos que imposible- -coge la fiebre de amor malino por toda la vida, y se la lleva consigo ala sombra. de la sepultura. Cogió Floraldo fiebre de amor viendo, á la salida de misa, á Claraluz, que alumbraba la penumbra del pórtico con el fulgor de unos ojos azules incompara IDICS y con la irradiación de una cabellera que de las mismas hebras del sol creyérase entretejida. Parecióle entonces al mozo que no existía en el mundo cosa más apetecible que la beldad de Claraluz, y pegado á sus pasos como la sombra al cuerpo, y hecho jazmín de su reja, la persiguió, acosó y sitió hasta que ella dio en pagarle tanto rendimiento con otro mayor, de mejor ley y firmeza diamantina. Porque,