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ESCENAS PARISIENSES 1 o s BAILES BLANCOS I,o s días blancos en los teatros han ido desapareciendo poco á poco, por cursis. Aquellos espectáculos, lo rnismo en el teatro Rejane, de París, que en el teatro de la Comedia, de Madrid, resultaban, en efecto, cursilisimos. ¿No los recuerdan ustedes? La comedia elegida era una ñoñez, las actrices tenían que abrocharse hasta el cogote y los cómicos no podían hacer una escena de amor más que separados por una distancia dé noventa centímetros. El público, por su parte, no se divertía en estas funciones blancas y las muchachas, lejos de aficio narse al teatro, le encontraban pesado, aburridísitHO. La Rejane tuvo que tomar otros rumbos, y éstos han sido completamente opuestos, porque de aquellas funciones que úi olían ni sabían á las representaciones áejeanne qui rit que ahora acaba de ofrecernos, hay una distancia enorme. En París, pues, se concluyeron los días blancos de los espectáculos. En Madrid, en cambio, hicimos blancas todas las noches del año, aunque sin decírselo á nadie. No quedan aquí ya más fiestas diáfanas que los bailes. Los bailes blancos constituyen, en efecto, un espectáculo raro, que cada día está más en boga, quizá porque quieren rivalizar unos con otros en lujo, suntuosidad y elegancia. Ahora organiza la sociedad parisina tres ó cuatro fiestas mayores de este género para que sirvan de presentación en el mundo á otras tantas señoritas millonarias que van á dejar los trajecitos cortos que traían del colegio para vestirse las soberbias toilettes de los modistos á la moda. -No habrá seguramente en ninguno de estos bailes blancos de París la ostentación que suele haber en las fiestas de este género que celebra la sociedad multimillonaria de Nueva York, pero habrá seguramente más elegancia. Para solemnizar la entrada en el mundo de Gould, ya habéis visto los preparativos que viene haciendo la familia. Sólo en flores para adornar los salones y la mesa del banquete van á gastar u n montón de miles de dollars. JSX espectáculo, tal como le preparan los organizadores, será algo fantástico, q u e y a n o s describirán oportunamente los telegramas de las agencias... redactados y pagados por la familia. Y es que hay que buscar al novio, hay que cazar al hombre, cada día más raro. En estos bailes blancos se exhiben como en un escaparate treinta, cuarenta, cincuenta muflequitas divinamente ataviadas que salen al mercado. Es una feria de niñas casaderas en la que cada una lleva colocado un letrero con la cifra de la dote. Los cazadores de dotes se han vuelto muy exigentes, y ponen precios fabulosos á la venta de su libertad. Todavía no hace muchas noches oía yo hablar á unos cuantos caballeros que pasaban revista á los nombres de varias muchachas en disponibilidad y refiriéndose á una de ellas, que es un primor de gracia, de belleza y de elegancia, decían: ¿Fulanita? ¡Oh! Preciosa... Pero no es posible... No tiene más que treinta mil francos de renta, y el día que se case querrá gastar sesenta mil en modista, Los bailes blancos son un pretexto no más para hacer saber á los solteros y á los divorciados que ha llegado una nueva remtsa de jóvenes doncellas deseosas de emprender el viaje a l a s regiones del ensueño. No son muy exigentes estas muchachas, y lo mismo las da casarse con un hombre joven o viejo, millonario ó iávidor. Se casan para tener libertad, para poder ir á los sitios que desean ver, para salir y entrar á su antojo. Ocurre á veces que el amor, el verdadero amor surge luego, pero es ya muy tarde... Surge cuando los esposos se han divorciado y se encuentran un día en un teatro, en el paseo, en un salón. Se casan y se descasan estas gentes con una facilidad que asombra, sin reparar en otra cosa que en la cifra de la dote y preocupándose solamente de arreglar la cuestión de las rentas que disfrutarán ambos cónyuges el día del divorcio. Los cazadores de dotes han escarmentado en la cabeza del conde Boni de Castellane: ¡Boni soit qui mal y pense! i Y ahora, cuando contratan un matrimonio, especifican bien de antemano la suma que la esposa se compromete á pasar anualmente al marido, si por una causa cualquiera los cónyuges se vieran obligados á divorciarse. Se progresa siempre y se aprenden cosas nuevas todos los días en esta dorada sociedad parisiense. Compadezcamos, pues, á los lindos pimpollos que van á hacer su entrada en el mundo en medio de los esplendores de un suntuosísimo baile blanco Son eotos capullos de mujer, las doncellas de hoy, las casadas de mañana, las divorciadas del día siguiente... José JUAN CADENAS.