Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
S ración con los fruU tos caídos. Volvió Cano á Granada, pero su rencor con los canónigos fué tan sostenido, que no consiguieron obtener de él obra artística alguna en todo lo que le quedó de vida. Una de las excentricidades de su raro carácter era una aversión á los judíos tan aesnic surada, que si tropezaIja con alguno cu la calle, se despojaba de la ro ia con. que había rozaüo el circunciso, y si sabía que en su ausencia había recibidí. en casa algún criado á un mercader hebreo, no solamente de -pedía al servidor, sino que desechaba el calzado que había pisado aquel suelo y hacía enladrillar de nuevo el piso. Junto á sus rarezas gen i al i dados p oseía una caridad tan viva (pie, á más de favorecer cai i liosamente á sus discípulos, socorría á muchos pobres, y cuando no tenia dinero que darles, improvisaba dibujos, (pte les cniregaba como vales al por tador. Su sentimiento artístico y su culto á la belleza eran en su alma tan exquisitos, que no transigía con nada feo ni deforme De él se refiere que hallándose en trance de mueite, como le presentara el sacerdote que le asistía un crucifijo m a l tallado, lo desvió y volvió la cabeza, y ai prtguntavle el sacerdote, escandalizado, por qué hacia arguello, le contestó el moribundo: Déme, padre, una cni: l 3ii 3 sola, ¡lie yo allí con ¿a Je venero áJesHcnslo, y le re JESUCRISTO DIFUNTO verencío como es eit si i como le coiilemplo en mi idea. Murió Cano á los sesenta y seis años en Granada el 5 de Octubre de 1667. Sobresalió Cano, como queda dicho, como escultor, y en sus obras se advierte, al ni- smo tiempo que la so briedad y pureza de líneas del arte clásico, la expresión del arte moderno, que hace sus f Scnlturas superiores á las de su maestro Montañés. Como pintor, distingüese su escuela, en sentir de los críticos, por lo selecto del dibujo, esmerado sobre todo en los extremos de las figuras; la sencillez y grave iad de sus composiciones, más pensadas que sentidas, y frescura del colorido, al que sólo puede tildarse de un tanto frío en comparación de la pintura veneciana 5 flamenca. i, T La Vir yen adorando a su dwrno Hijo. Tiene este lienzo. 1,62 metros de alto por 1,07 de ancho. I. a irgen María, sentada en el campo, tiene en sus rodillas al niño Jesús, tendido sobre un paño blanco, y le sostiene en su brazo derecho, mientras apoya su mano izquierda en una rodilla del divino Nino. Una abundante y ondulada cabellera cae sobre los hombros y el pecho de María, y una corona de estrellas rodea su cabeza. En la del Niño irradia un luminoso limbo. La expresión de la Virgen es de una contemplación fervorosa, no exenta de cierta tristeza, como si meditase en el porvenir que aguarda al Redentor. Los grabados en negro de estas páginas son reproducciones de los cuadros de San Benito Abad y de Cnslo difimio sostenido por un ánael, que existen en el Museo del Prado. El primero perteneció á la colección de Callos III, y tiene 1,66 metros de alto por 1,23 de ancho; el segundo, de la misma colección, 1,78 por 1,21. l c fi ¿r jas son en ambos del tamaño natural. CARLOS LUIS DE C U E N C A