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LOS DÍAS PASADOS... el domingo pasado la fiesta A SISTIERON ustedes tiempo hermoso queá hizo inde San Antón? El vitaba á ir; el programa, á no ir. No estaba escrito el programa, pero ¿para qué? Sabíase que era el de todos los años. Costumbres hacen leyes, dice el vulgo. Peío no cuando aquéllas son malas, observará algún l e c t o r Bueno; pues hubo los mismos gansos y las mismas g a n s a d a s que otras veces á favor del a m o n t o n a m i e n t o de gente; el mismo desfile de caballerías escuálidas, martirizadas unas, r i d i c u l i z a d a s otras; a misma peregrinación de casi todos los jinetes á las puertas áe las tabernas, donde bebían por beber en báquico torneo; la misma libertad ó libertinaje, y e n fin, la misma benevolencia de las autoridades ante estos espectáculos que tanto afean á la corte, y que, sin embargo, nos llevan á considerarla bella, porque es exclamación frecuente la de ¡Bonito se pohe Madrid con fiestas como la de la Cara de Dios y la de San Antón! ¡Y bonitas se pondrán la cara de Dios y la cara de San Antón ante tales espectáculos! lyos dedos se nos antojan huéspedes... Después de loo terremotos en Calabria, los ha habido en Portugal, en Australia, en Toscana... y, en cuanto rueda una silla ó se rompe un plato, ¡en nuestra propia casa! E; l otro día se llevó un susto morrocotudo el Senado al conceder la palabra el pre sidente á un señor senador. Es verdad que éste se llama Calbetón y Blanchón, persona estimabilísima p o r cierto, pero cuyos apellidos, pro nunciados sin precauciones y en estas circunstancias de alarma son para asustar. ¡Si vieran u. stedes los equilibrios de ductilidad que hace el Sr. Dato en el Congreso para no producir susto cuando concede la palabra á los señores. Cambó, Puig y Cadafalch, Guzmáii y Gordón, Miró Trepat, Eofarull y Palau, Bergamín, Pedregal, Raventós, Calabuig S u ñ o l Soler y March, Pidal y Mon y otros diputados de apellido de triquitraquel Pero hay que sobreponerse á todo y hacerse la ilusión de que hablan padres de la patria, de apellidos tan plácidos, tan poéticos y tan tranquilos como los Sres. Sol, Alba, Rosales, I aiglesia, Dorado, Dimón, Alas, Prado, Igual, etc. Da alta sociedad ha tenido fiestas varias. Buen numero de crisálidas se han convertido en mariposas, u n o s cuantos centímetros más de tela en el largo de los vestidos un suspiro más en lo hondo del pecho de sus madres y una arruga más en el entrecejo de los padres. ¡Da eterna historia... Dicen las observadoras de esas cosas que hay ahora más resistencia en las jóvenes á dar ese paso de entrada en sociedad. Si así fuese, demost r a r í a n si no conocimiento pleno del mundo que las recibe con felicitaciones, instinto feliz délo que va á rodearlas. ¿Será que, como los poetas, lo que no saben lo presienten ó lo adivinan? Sea lo que quiera, ello es que la última promoción es numerosa, y que resulta más consolador ver un hermoso plantel de niñas que se hacen mujeres alargándose los vestidos, que un enjambre de niños que se hacen hombres alargándose los sombreros porque, aunque éstos sean de los de siete luces muchas veces, ¡ay! son estas luces las únicas de su cabeza. En ¿os días pasados... no hemos tenido ninguna novedad teatral extranjera. Dos cuplés de Mayol van á resultar la única moniarde de la estación, porque los italianismos del Real los consideramos ya como plato nacional y casero, hasta el punto de que disonaría lo español, y no porque cantada y en italiano g; a! ia mucho la moral como dijo Selles, sino porque todo lo que en aquella escena no se diga en el idioma de Dante nos crispa los nervios. El año pasado cantaron unos artistas alemanes y les coreamos las eses de su pronunciación, con lo cual no dimos pruebas de gran cultura, pero ¡nos divertimos! y el caso es recrearse con el oído más que con el corazón. Titta Ruffo reunirá más público como Fígaro que como Hainlet, Rigoletto, Scarpia ó Barnaba. Más claro; hay de seguro más partidarios de Titta Buffo que de Titta Ruffo. Y al decir que no ha habido ninguna novedad teatral extranjera se refiere el cronista á los teatros de primer orden. Da princesa ó ex princesa Broglie se ha exhibido en Frice, y aunque el espectáculo está al alcance de todas las fortunas, no lo está al de todos los gustos sociales. Cierta aureola de escándalo le rodea. Deer la leyenda en voz baja y en familia, bueno; ¡asistir á la exhibición, malo! Además, aquí no encuentran ambiente esas aventuras de amores principescos... más que en los folletines. En los bulevares parisinos, sí; pero ¡si á nuestros bulevares madrileños se les llama todavía Ronda de Santa Bárbara y Paseo y Cue. sta de Areneros! Agreguen ustedes que la ex princesa se trajo para andar por casa- -por una casa que esperaba escotes estrepitosos, cancanes desenfrenados y procacidades sicalípticas- -un repertorio de baladas, revenes y canciones románticas, que es como ir á tocar mt tsica di camera los domingos por la tarde á las Ventas ó á los Cuatro Caminos, y se explicarán que la gentil artista, porque eso sí, gentil lo es, afrontase en Madrid un divorcio más: el divorcio Sk S