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MPO REVISTA ANO X) X ILUSTRADA MUM ¡325 MADRID. 23 DE ¿N 3 RO DE 1909 r 1 i ABUSO DE F U E R Z A T AN viva fué la impresión que el suceso me produ jo, que no se me lia borrado, no obstante el tiempo transcurrido, y parece que me ocurrió ayer. Tenía yo diez y seis años cuando conocí á Virtudes. Intima amiga de mi prima Manuela, pocos días se pasaban sin que estuvieran juntas algunas horas. Era Virtudes fina, menuda, trigueña, seria, reflexiva y poco amiga de coqueteos. Contaba diez y ocho primaveras; la acababan de poner de largo, y estaba poseída de la importancia de ese acto, decisivo en la vida de una muchacha, pues no hay idea de la influencia que el aumento de unos palmos de tela marca en el carácter de las mujeres, señalando la definitiva separación que hay entre la niñez y la juventud. Con estos antecedentes no hay que esforzarse eu demostrar que á los ojos de Virtudes era yo cosa tan insignificante como el mueble al que, por sobrado conocido, no hacemos caso, aunque nos conste su presencia. Y era natural; ¿qué atención podía prestar á un estudiantino de I, eyes, desgarbado y tímido, más niño que hombre, y que no tenía más conversación que la de sus estudios? Sin embargo, al estudiantino aquel se le metió Virtudes por el corazón adentro con tal fuerza y tal arraigo, que- -muchas aguas han pasado por debajo de los puentes desde entonces- -no ha vuelto á experimentar las intensas emociones qne ese amor de niño le produjo, y ninguna mujer ha logrado inspirarle después la adoración que sintió por aquella chicuela. Que Virtudes no me hiciera caso, era lógico; pero que no supiera ó que le molestase mi cariño, eso sí que no; sabido y muy requetesabido se lo tenía, pues si bien procuraba yo ocultarlo en lo más profundo de mis interioridades, conociólo ella al punto que me vio emocionado ante su presencia, ruborizarme ó empalidecer cuando me dirigía la palabra, ó al sorprender, gracias á la traición de un espejo, mis miradas clavadas en su encantadora persona. Desde ese momento noté que no me trataba con la desdeñosa indiferencia de antes, sino que, sin duda en agradecimiento instintivo al homenaje que á todas horas y en todos los instantes la rendía, dignábase, de tarde en tarde, concederme la merced de su mirada ó de alg- una frase, ó de encargarme cualquier