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ESCENAS PARISIENSES 1 II MAYOL A B Éf L m S r- fl iy: I OS ALEGRES ¿Habéis visto á CHANSONiERS Mayol? Presumo que SI, y á estas horas en Madrid será tan popular como La regadera, ese delicioso refrain del cuplé de Scotto: ¡Ah! Si vous voitlez de Pamoiir, ne ¿erdez pasiL- n jotiT; c esi le honlíeur guipase... que Mayol canta para ellas, y salen dirigiendo miradas incendiarias á los señores maduros que por el bulevar- pasean, calado el monocle, ladeada la chistera, mal sujetos los blancos botines y apoyando sobre el bastón todo el peso de la medula, que se desmorona. Las midinettes le onríen murmurando: Viefzs, poitpoule! Viens, poupouleJ jViens ¿Qué queréis? París se, vuelve loco cuando un chansonier cualquiera acierta á decir en cuatro versos una cosa atrevida con música de la que se pega al oído. En Francia, todo- -según reza el adagio, -hasta las situaciones más graves se solucionan con una canción. Y con una canción DR el viejo Paulus hizo un día la popularidad de Boulanger, y con una canción se acabó el asunto de Teresa Humbert, y ahora también parece que va á concluir la tragedia de la viuda Steinheil con un cuplé que ha puesto en circulación Dranem: ¡Le lendeniain elle esi sonriante, ¡Dranem! Después de Polin, y muerto Paulus, no hay más que dos estrellas masculinas en los concerts de. París: Dranem y Mayol. Polin estuvo en Madrid, y yo recuerdo bien que no despertó vuestros entusiasmos ni siquiera cuando sacó su famoso pañuelo de colorines para cantar Le Pire la Victoire. ¿Por qué no os gustó Polin? ¡Si supierais cuánta alegría encierran las canciones del célebre tourlouron parisién! ¡Hasta los chicos pequeños le aplauden regocijados al verle con su uniforme de pion- pion, su quepis ta pandóle las orejas y sus altas botas de montar... Y luego dice con una drolerie inenarrable el cuplé á Mademoiselle Rosse ó el re rain de Ei autre chose aussi: Bi auire chose aussi queje ne ¿eui; as diré... Mayol, en cambio, es él chansonier fino que se viste de frac, se calza el zapato de soire e, y con una pequeña flor de muguet n la dou onieresale á cantar las aventuras de los viejos elegantes que persiguen sin des canso a l a s modistas en las callejas inmediatas á la rué de la Paix. Ya le habéis visto. Su cuplé es el eterno cuplé que comienza en la primera estrofa coiiquistando á una midinette, comprándola unos zapatitos con boufletes, y acaba perdiendo el pobre viejo la peluca, los botines... y la cartera. Es cruel, muy cruel, este cuplé de que tanto abusa Mayol... Por eso el vieux marcheicrle odia con toda su alma, pero, en cambio, le idolatran todos los trottins parisinos, todas estas adoisibles pe ¿i ¿es emmes, que viven agarradas á la aguja y tirando del carrete en los obradores, mientras sueñan despiertas con palacios suntuosos en los Campos, atífos de 90 caballos, collares de 500.000 francos y toilettes de Paquin; Oyen el cuplé de Mayol, el cuplé Porque en el fondo de todo troítin parisién vela ansiosa y vigilante una cocotte. Dranem es más bastóte que MaEM yol y menos delicado que Polin, pero tiene el secreto de la risa. El pequeño teatro Eldorado no se comprende sin Dranem, y en cuanto él se presenta con su sombrero de tonto de circo, sus zapatones y su chaquet de cuadros, el público entero suelta la carcajada. cEs mi toilette- -dice Dranem. -Es mi toilette que les hace reir... Y, sin embargo, no dirán que está mal. Un trapero me ofreció por ella hace pocos días iroissous... Pues con ese traje de quince céntimos Dranem cobra él ano entero 350 ó 400. francos por noche, y cuando s a l e a provincias sus contratos son casi fabulosos. Tiene un hotel, un gran parque, caballos y una regular fortuna, hecha con la risa de las gentes. No todas las fortunas tienen un origen tan alegre. Pero entre canción y canción, Dranem ha acometido una obra de romanos. Ha visto que en el teatro no todo son bienandanzas, pues hay muchos pequeños artistas que vegetan y ven llegar la vejez con su séquito inevitable de fríos y hambres. Dranem pensó un día en construir un palacio, una gran casa- refugio para los artistas desgraciados del cafe -conceri y, organizando funciones teatrales, loterías y fiestas de beneficencia, ha reunido en pocos meses unos cuantos millones. Su sueño dorado va á ser una realidad en breve, y entonces no se volverá á dar este triste caso que hoy publican los periódicos... Bíanca, la maravillosa Blanca, la creadora de Mis Helyet, va á ser expulsada dentro de pocos días por el casera. Vive en la más espantosa miseria, está enferma, carece de todo... después de haberlo tenido todo también. Pero, ¡qué queréis! I as pobres cigarras serán así siempre... Cantando, cantando dejarán pasar el estío, pictórico de flores y de frutos, y al llegar el invierno las sorprenderá sin un solo grano en el granero. I as cigarras del porvenir tendrán una casa, un jardín y un rincón abrigado para concluir sus días... Y esto se lo deberán á l5 ranem, á un chansonier que ha acometido esa obra con entusiasmo y ha sacado los millones á la gente á fuerza de chistes y de alegres carcajadas... il a risa es santa! JOSÉ JUAN CADENAS.