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qtiez acompañó en sus excursiones á El Escorial, y Rubens le tomó gran afecto, y le recomendó vivamente fuese á Italia. Siguió Velázquez puntualmente su consejo, y pidió al Rey licencia para emprender aquel viaje. Otorgósela gustoso Felipe IV, y dejando al Soberano su famoso cuadro de Baco coronando á unos borrachos, por el que percibió cien ducados, y 300 más por otras obras para ayuda de su viaje, partió para Italia, donde permaneció año y medio. Por cierto que al embarcar en Barcelona fué en el mismo barco que el marqués de Spinola, capitán general de las a r m a s e s p a ñ o l a s en Flandes, al que sus pinceles habían de inmortalizar después en el portentoso cuadro de la Rendición de Breda, llamado vulgarmente de las lanzas. Su permanencia en Italia, donde las cartas de recomendación del conde duque de Olivai es le abrieron las puertas de las galerías más famosas, le permitió estudiar c o n c i e n z u d a mente áTmtoietto, Miguel Ángel y Rafael, modificó su primet estilo sin perder su personalidad y fué siempre TMSAJE OE LA mano. A su vuelta á España fué elegido, á su instancia, aposentador del Rey, y después de muchos y excelentes ¡servicios, al regresar de Fuenterrabía, donde había acompañado al Rey para la entrega de la infanta doña María Teresa al Rey Luis XIV de Francia, enfermó de fiebres perniciosas que le arrebataron la vida el 6 de Agosto de 1660. La fragua de Vulcano, lienzo de su segundo estilo, tiene 2.23 metros de alto por 2,90 de ancho. El dios Apolo, en figura de un mancebo coronado de laurel con una luminosa aureola, aparece en el taller de Vulcano, que en unión de cuatro herreros trabaja, y le refiere la infidelidad de su esposa Venus con el dios Marte. Vulcano sorprendido con tan terrible noticia, s u s p e n d e e! trabajo y queda con el martillo en la diestra, y en la izquierda las tenazas q u e sujetaban sobre el yunque la pieza que estaban forjando. Los cuatro oficiales del dios herrero escuchan suspensos también el grave relato. La escena está iluminada por la luz natural, la aureola de Apolo y la roja llama de la fragua VIH. A MEDIC! C. L. DE CUENCA. original como el que más, c u l t i v a n d o y afinando sus propias aptitudes y avivando su paleta, cada vez más realista y n a t u r a l De Italia trajo, entre otros, el magnífico lienzo de La fragua de Vulcano. al q u e acompañan estas notas. Desde 1631 en cpe volvió á Madrid, creció más todavía su reputación c o n las obras que pintó en los diez y ocho años que mediaron hasta su vSegundo viaje á Italia. Varios cargos palatinos había venido desempeñando, y fué comisionado á Roma para procurar el mejor OTuato del Real Alcázar j traer buenos m o d e l o s para u n a Academia que se trataba de fundar en la corte. Mientras c u m p l í a en Roma esta artística misión hizo el admirable ret r a t o del pontífice Inocencio X, que se conserva en el palacio Doria, y fué nombrado académico ro-