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urMci üNÉRO es el mes de los gatos. O mejor dicho: el mes de los ratones. Porque los que se dan a gran vida en Enero son estos simpáticos roedores, que aprovechan la distracción amorosa de los mininos para campar por sus respetos. Los gatos, ¡ay! no están añora para nada. Entre escribir á la novia, pasear por las tejas ¿y lanzar apasionados maullidos, apenas si tienen minuto libre que dedicar á la caza. Por eso el ratóíi triunfa; pero, sin embargo, el ratón no consigue como el gato imprimir carácter al presente mes. Enero será siempre gatuno. Y, por lo tanto, un me. 5 muy simpático. El gato es el más agradable de los animales caseros. Y el más digno. El perro, como es el ainigo del hombre, ha aprendido de éste muchas cosas feas. La adulación le pierde, y respecto á su legendaria fidelidad habría mucho que escribir. El gato es más altivo, más independiente, menos rastrero, y conserva un fondo salvaje que le hace aceptar la cordilla con cierta dignidad. Pocos son los gatos que toman cariño á sus amos. Lo que los hoscos felinos aman es el hogar. Conocen demasiado á los hombres, y les conceden escasa importancia. Quizá en esto de conocernos lleve ventaja eL perro. Sabe que adularnos es conquistarnos, y nos adula. El gato, en cambio, nos desprecia. No sé cuál de los dos está en lo cierto. Pero lo evidente es que el gato en esta época goza de mayor actualidad. En Enero, todos los hombres tenemos algo de gatos. Y la vida que, hacemos no puede ser más gatuna. Frente por frente de mi casa vive un caballero, ai que no le faltan sino los bigotes y la cola para ser un ejemplar de la raza felina. no cabe; pero ¡hay que v e r l a ropa que se echa sobre la cama! ¡Y hay que oírle roncar! El ruido que proauce no puede ser más idéntico al que producen los gatos cuando están satisfechos. Mi vecino se levanta tarde, y -ustedes creen que se lava á chapuz... Pues no, señores; se lava á lo galo. Con la puntita de la toalla, y... gracias. Una vez lavado, ó lo que él cree que es lavado, se sienta junto á la lumbre, y alli, dormitando, se pasa el día. Yo no sé por qué enciende la chimenea. Debía colocarse sobre la hornilla del fogón, metiendo la cabeza entre las patitas delanteras... Y no es mi vecino el único friolero que conozco. En esto de sentir el frío hay en Madrid muchos gatos. Otra cualidad gatuna tenemos los madrileños en Enero. Y es la de sentir gran apego al hogar. Difícil es ver un gato en la calle; pero es más difícil en esta época ver fuera de su casa á las familias burguesas. Los de Rodríguez se han encerrado en su gabinete para un ratito. Durante las pasadas Pascuas apenas si han parado en casa. Han ido casi todas las tardes al teatro, han felicitado personalmente á sus numerosas relaciones, han comprado algunos regalos y... ¡han gastado un horror... Ahora eat n subiendo la cuesta de Enero, y con objeto de reponer por el medio del ahorro el de ficitA Diciembre, no salen ni á paseo. Hasta el acto de tomar el tranvía les asusta. El padre cobró su sueldo el día 23 del pasado, y ya no cobrará hasta primeros de Febrero la paga correspondiente. Las veladas de los señores de Rodríguez son completamente caseras. El cabeza de familia lee en voz alta los periódicos. La madre lee en voz baja Es un verdadero señor de Angora. Sobre todo, por lo friolero. jSfo duerme en una espuerta porque materialmente