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aí co ANO XIX MADRID, 16 DE ENERO DE 1909 é po N U M 924 íí t; pf -J- liUlJ ID I 3 C U Xv 1 JL I A puerta del calabozo se abrió, y, á la luz que de jaba filtrar el estrecho ventanillo, el hijo pudo ver al padre, acodado en una mesa pobre, vestido humildemente de jergueta usada, y, sobre el pecho, semejante á un reguero rojo, la cruz del hábito de Santiago. Como alguna consideración se había de mostrar á un tan noble caballero, que había sido general de los galeones del Rey, en las horas que precedían á la de su muerte en cadalso, el carcelero se retiró, dejando á padre é hijo conversar ásu. talante. Don Juan, el viejo sentenciado, se había enternecido un momento. Su cara pálida y demacrada se coloreó, y al tender la mano para que el hijo la besase, sus labios balbucearon frases de dolor y cariño. El hijo, en cambio, al poner los labios en la enflaquecida diestra, dijérase que cumplía penoso deber filial. Su cara ceñuda, su continente severo, fueron notados del padre, que movió la cabeza, entre resignado y doliente. -Sentaos, hijo mío Fernando- -mandó. -Y a q u e mañana he de dar la garganta al cuchillo, me servirá de consuelo esta conversación postrera. Más hubo en mi coso de desdicha que de cobardía, y aunque deba morir, no conviene que muera afrentado ante mi propia sangre. No niego c ue he perdido quince bajeles cargados de plata y mercancías, y que la pérdida importa cuatro millones de ducados de á doce... Por este delito, mañana seré públicamente degollado. Hagan de mí lo que la ley dispone, pero escuchadme vos... ¡Algúa descargo puedo dar, no ante el tribunal, sino ante quien no me oiga como juez! Sabéis que, antes del día desventurado, yo navegué no poco, y estas canas que aumentó la cárcel, á bordo de las galeras y galeones del Rey rae nacieron. Notorio es que conseguí algunas ventajas cuando me vi cara á cara con el enemigo, que fué hartas veces, en esos mares infestados de corsarios. Todo el mundo, hijo, se ha hecho corsario contra España. Veinticinco años corrí j o la mar sufriendo acometidas de ingleses, franceses y holandeses, y á bastantes barcos de piratas les pesó de mi encuentro. Viene al caso decir cómo, al hacer prisioneros á éstos, que se defendían i abiosamente antes de caer en nuestras manos, tuve yo por bien- -en lugar de arrizarles en la entena y echarles lesptiés á los peces-