Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
BOOUlLLiCULTURA f cultivo de la boquilla, naturalmente. La palabra me parece clara y precisa para expresar su idea, y, por lo tanto, digna de figurar en el Diccionario de la Academia. Tal vez algunos espíritus demasiado serios nieguen la conveniencia de emplearla; pero será p orque olviden el dicho del salmista, oczilos habent et non videhum. No ven, en efecto, aunqu. e tengan ojos, los que pasen por alto esa dulce ocupación á que se entrega una parte resoetable de la humanidad, olvidada de otras tareas más livianas, aunque parezcan más importantes. No compreuueu tampoco que una cosa que coUiDora en la felicidad de tanta gente debe ser estudiada con atención y mirada con todo respeto. Basta vivir en la intimidad de un hombre dedicado al cultivo de ¡a boquilla para saber cuánta ilusión, cuánto cariño, cuánto cuidado exige esfe trabajo intenso que, visto desde fuei a, parece una tontería. La esclavitud á que voluntariamente se condena el cultivador conmueve hasta los más duros corazones, y su íntimo regocijo, que crece paralelamente al objeto de sus afanes, convence á cualquiera de que por todas partes se llega al Ideal... ¡Al Ideal, que suele estar donde menos se piensa! Lo boquillicultura ¿es una cie- nciai ¿es UQ arte. Si mis múltiples ocupaciones me lo permitieran, yo mismo abriría esas preguntas ante un concurso de personas doctas, pidiéndolas su opinión, su parecer y su consejo. Ciencia me parece por una parte, ya que descansa en ciertas inmutables leyes- -como la de la porosidad de los cuerpos, por ejemplo, -y arte la creo, asimismo, puesto que exige- -entre otros- -el gusto del color y de la línea... Ciencia ó arte, lo indudable es que la boquillicultura es una manía. ¡Una manía... Mas ¿qnién será el audaz que la desprecie, que la denigre, que la denoste, que la abomine, que la condene... El que se sienta capaz de despreciarla, denigrarla, denostarla, abominarla ó condenarla, sufrirá después los remordimientos subsiguientes á una ligereza; porque puestas al mismo nivel todas las ra. anías con que el hombre disipa el fastidio de su vida, no hay razón para despreciar, denigrar, denostar, abominar ó condenar á una de ella? si á todas no se las desprecia, se las denigra, se las denosta, se las abomina ó se las condena. ¡Una manía... ¿Puede darse nin! guna tan grata é inofensiva como I ésta? Con nadie se cambiaría un cultivador de boquillas en el augusto y trascendental momento del cultivo. La emoción que le causa el ennegrecimiénto déla adorada superficie, sólo puede compararse á la que siente un amante, rendido hasta la estupidez, i viendo cómo sus palabras conquistan y moldean el corazón ambicionado... ¿Y á quién perjudica? A nadie. Ni aun á sí mismo, puesto que el cigarro fumado en boquilla pierde algo de su natural veneno, según aseguran los doctores que no fuman. De pocas obras suyas puede envanecerse el hombre como hijas del propio y personal esfuerzo. Hasta en sus más delicadas labores especulativas, pudiera hallar la sugestión de los libros, del medio en que vive, de la Naturaleza que le rodea. Sólo si ha practicado la boquillicultura podrá decir con orgullo, mostrando su colección de boquillas: ¡Yo las culote! ¡Aquí me he dejado los pulmones. y algún dinero. ¡Sublime tarea! Por eso tal vez indigna á los espíritus demasiado serios, incapaces de penetrar en el fondo de las cosas, creyentes en la ridicula ley de las apariencias... Si ellos dejaran su inútil seriedad frente á un cultivador de boquillas, que es mucho más serio que ellos mismos cuando practica, quizá encontraran la grandeza que duerme en el fondo de esa inocente bagatela. Pero no la hallarán; no harán sino despreciar la boquillicultura y á sus fervorosos adeptos y propagandistas, porque oculos habent et non videbunt... Mas ¿qué importa su desprecio... Arte ó ciencia, la boquillicultura es algo grande, inmenso, respetable, que ayuda á disipar el fastidio de la vida. ¡Y algo más que esto! Sí. Culotar una boquilla es hacer práctica y aprovechable una cosa tan fantástica y vagarosa como el humo, ¿Puede haber seres más metafísicos que los boquillicultores? Al fin y al cabo, tal es la misión de la metafísica: culotar las ideas, ANTONIO PALOMERO. DIBUJO DE MEDINA YfiRA