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que palpitaba en su deliciosa algarabía, y el legítimo orgullo de las madres, manifestado en una sonrisa santa de íntimo placer, eran indudablemente obra y recreo de Dios. ¿Que de qué se ha hablado estos días fuera de los éxitos de Titta Ruffo y de la Pareto? Óe la. supresión de la reventa de billetes, que al público le ha sabido mejor que rosquillas. De las disposiciones del Gobierno para organizar un buen Cuerpo de vigilancia, que á la gente la da mucho que pensar, por lo mismo que tiene siempre en la boca la característica frase de ¡ole los buenos cuerpos! Déla proyectada rebaja de alquileres á cambio del pago de los contadores del agua, innovación que nos escama á los inquilinos, porque s i n o s ahogamos en un vaso de agua, mejor nos ahogaremos en un contador... Y en otro orden de cosas, de los terremotos de Italia, que han causado consternación general y ante cuyas desgracias España va á hacer nuevo alarde de sus generosos sentimientos abriendo su bolsillo todo lo que pueda, que no es mucho, pero, en fin, abriéndole con ese simpático desenfado que hace muchas veces de nosotros unos aturdidos, unos locuelos, unos troneras, aunque en el fondo unos buenos muchachos. Abrense suscripciones, organízanse espectáculos, surgen los desprendimientos... Un poco tarde irá todo, pero irá; que más vale tarde que nunca. Somos conciudadanos de aquel guardia del cuento. Dios había terminado ya el juicio final. San Pedro tenía cerradas las puertas del fl 5 Cielo y se retiraba á dormir á pierna suelta cuando le sorprendió el estrépito de unos alda bonazos. Se asomó al ventanillo y preguntó quién llamaba tan á deshora. Era un guardia de Orden público que aun para entrar en el Cielo llegaba tarde. También nos ha interesado la suerte de ese general Castro, presidente de Venezuela, hijo de nuestra raza y testimonio viviente de que el que fué á Sevilla perdió su silla, que por venir á Europa ha perdido su presidencia, sin perjuicio de de- jar en una clínica de Alemania un riñon ó cosa así. Y menos mal que ha salido regularmente de la compostura quirúrgica; razón por la cual puede pensarse del dictador americano que se ha quedado compuesto y sin novia. ¡Bien puede decir él, además, que este viaje á Europa le c u e s t a u n ri non Es verdad que según lo que se cuenta de sus rapiñas, lo tenía bien cubierto. Hemos presenciado la inauguración de un puente, el de la Princesa, sobre nuestro infeliz y anémico Manzanares en el sitio llamado Pico del Pañuelo. Pronto inauguraremos otro, el de la Florida. Esto marcha. Nuestro acreditado río va á tomar en serio eso de su canalización. ¡Cualquiera le tose en cuanto caigan cuatro gotas! De todos modos, bueno es que se vayan poniendo últimas piedras, porque lo que es primeras llevamos ya un verdadero pedrisco! Recordamos que en el programa de festejos organizados por el Ayuntamiento de una ciudad del Noroeste, con motivo de la visita del Rey, figuraba la siguiente ceremonia: Solemne colocación de la segunda primera piedra del ferro carril que ha de unir esta ciudad con la de X. Terminaron las vacaciones. Desde hace dos días los estudiantes han vuelto á clase. Dentro de otros dos volverán á la suya los padres de la patria. Unos y otros vuelven con buenos propósitos, de los que, según dicen los que han hablado con el ordinario de ultratumba, está empedrado el infierno. Hombres del porvenir, ¡estudiad! Hombres del presente, ¡no molestéis... A GEL M. a CASTELL. DIBUJOS DE MEDINA VERA