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MUSEO D E MADRID FRANCISCO GOYA Y LUCIENTES N Pueadetodos, pueblo pequeño de la provincia de Zaragoza, nació en el año 1746 el pintor famoso S quien se considera como regenerador déla escuela naturalista española. Desde niño sintió la vocación de la pintura, como lo prueban unos cortinajes pintados al fresco en la capilla de las reliquias de su pueblo natal y la aparición de la Virgen del Pilar pintada al óleo en las puertas del retablo. A los trece anos comenzó sus estudios en Zaragoza bajo la dirección de I. uzán; vino después á la corte donde estudió las obras de Jordán y de Conrado Giaquinto, y llevado de su entusiasmo por conocer las obras de los o- randes maes. ros, partió para Roma. Cuéntase que la escasez de sus recursos era tan grande y la energía de su voluntad tan vigorosa, que para costear este viaje se agregó á una cuadrilla de toreros, trabajando de plaza en plaza hasta el puerto de su embarco. Dedicado á sus trabajos, comenzó á pintar escenas y tipos españoles, y la originalidad y espontaneidad de aquellas obras de su gran talento llamaron vivamente la atención de los extranjeros en Roma, que se disputaban la adquisición de sus cuadros. Pidió Goya una audiencia al Papa Benedicto XIV, y en muy pocas horas le hizo un retrato que gustó mucho al pontífice, y se conserva en las galerías del Vaticano. De vuelta á España en 1769, contrajo matrimonio con una hermana del pintor Valleu. El célebre Mengs, encargado por Carlos III de dar impulso á la fábrica de tapices de vSanta Bárbara, encomendó á Goya algunos cartones ó ejemplares, y éstos dieron al genial pintor aragonés justo renombre en la corte. E n 1780 entró en la Academia de San Fernando, y en 1795 fué nombrado su director, cuando sus frescos del templo del Pilar de Zaragoza y de San Francisco el Grande de Madrid, y sus retratos y cuadros de costumbres le habían granjeado la admiración ie todos, y Carlos IV le había nombrado pintor de Cámara. La Reina María Luisa, la duquesa de Alba, y á su imitación otros proceres de la corte, le otorgaron gran amistad, que el famoso artista compartía con las de toreros y tipos populares madrileños que inmortalizó en sus lienzos, dando su nombre á su época. Vivo de genio y convencido de su propio mérito, era intransigente contra toda infundada censura, y á duras penas pudo evitarse que agrediera con una pistola al gran lord Wellington por haber pretendido que su retrato no se le parecía. F ernando VII le confirmó en el cargo de pintor de Cámara; BETRATO DR GOYA, POR VICENTE lOPEZ pero sus ideas liberales le llevaron á PVancia en 1822, y después de estar en París, fijó su residencia en Burdeos, donde murió en 1828. Cultivó Goya todos los géneros; pero en el religioso no alcanzó aquella perfección que en los otros. Falta á sus personajes el idealismo cristiano, y un realismo mundano les quita su propio carácter. En cambio en sus retratos hay una vida y un espíritu admirables, y sus altísimas dotes de colorista re. splandecen, dentro de la sobriedad de su paleta por MAJA VESTIDA