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¡Dale! ola! -No le baga usted ca. -ío, amigo Porteño- -interrumpió D. Paco, el hombre serio de la reunión; -si sabe usted que después de las doce de la noche no hay medio de que Antoñito hable en prosa. Cuéntenos usted lo que le pasa, que, entre todos, malo será que no le podamos dar un buen consejo. comentó Aníoñito silw Toce para no incuírir en las iras del areópago. -Con esos modestos recursos íbamos viviendo mi madre, mi hermana y yo, aunque con estrechez, sin deber nada á nadie, pues nos sujetábamos á no estirar el pie más de lo que la manta lo permitía. -Y ¿habéis interrumpido esa bonísima práctica -Ko son consejos lo que necesito, D. Paco, sino dinero, que es el que me tiene como ustedes ven. ¡Dio del or, sei dil mondo il signar! sei possente e rispknde- e. e. e- ente- cantó á toda voz, con música de Fmcsio y grave escándalo de los escasos concurrentes, Antoñito, el poetastro, marcando el acompañamiento con el puño del bastón sobre el mármol de la mesa. -Sí, que la cosa es para que la tomes á broma- -continuó aquél muy serio y cejijunto. -Este tiene razón; no molestes, Antonio. Cuando tan grave se pone, es que el asunto lo merece- -dijo Requena. -Bueno, ya estarnos ardiendo en curiosidad... -I a curiosidad me enciende, la curiosidad me inflama, el no saber me devora... y dispuestos á prestarte nuestro apoyo financiero inclusive- -terminó Mingorio sin hacer caso de la interrrupción de Antoñito. -Lo que es ese no le sacará de apuros, por desgracia- -dijo D. Paco. -Pero, en fin, veamos el caso, y resolveremos después. -Todos ustedes saben- -comenzó JCarciso- -que, aparte del sueldo que gano en el ministerio de Hacienda en clase de oficial quinto, ó sean 1.500 pesetas con descuento, no tengo más que una cortísima renta qne le producen á mi madre unos terruños que posee en Soto- Herrán, de donde somos oriundos. ¡Tiene fincas en Soto- Herrán! ¡Tiene fincas que le dan pan! con algún gasto excesivo que haya producido el déf, cit? -preguntó Requena, -Sobre eso del déficit tengo Ideas propias- -dijo Mingorio. -El déficit, tanto en los particulares como on las naciones, es un mal necesario y conveniente para la vida. Mirad si no qué les pasa á los Estados: cuanto más deben, de más crédito disfrutan. -El caso es que desde hace una temporada dejaron de mandarnos dinero del pueblo. La mala cosecha del año pasado, un pedrisco que arrasó las huertas, son las causas de la supresión de los envíos. -Ya las fincas de Soto- Herrán han dejado de darle pan- -dijo con tono lúgubre Antoñito. -Mira, eres inaguantable- -corrigió Porteño. -No sabes callarte á tiempo y... -Siga contando, amigo Porteño; no le interrumpan las majaderías de ese niño. -De modo... -prosiguió Requena para que reanudase el discurso. -De modo que nos hemos quedado reducidos á mi paga del ministerio, con lo que no hay ni para comprar alpiste, cuanto menos para que vivan, coman y vistan tres personas. -Yo no veo, hasta ahora, motivo ú ocasión, pretexto ó causa que explique tu actitud meditabunda. Y si no tienes pausa para graduar la fuerza de... -Pero si con vuestras interrupciones no me dejáis acabar- -interrumpió Narciso, ¿cómo demonios quieles medir la justicia de mi preocupación?