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M U S E O DE MADRID BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO N Rnero de 1618 nació en Sevilla, de humildes padres, el famoso pintor de las Concepciones. Huéifano y pobre, y bajo la tutela del cirujano llagares, entra á estudiar en el taller del pintor Juan del Castillo; pero éste marcha á Cádiz, donde se establece, y queda el joven Murillo sin maestro. Entonces t; e dedica á pintar para la feria tablas y telas de santos, que le compran los traficantes en cuadros y los armadores de Méjico y el Perú. Al ver los progresos de Vargas, que regresaba de Italia después de estudiar el idealismo romano y florentino, y los de Pedro de Moya, que se ha aleccionado en el naturalismo en Flandes y en Inglaterra, anhela ir él también al extranjero, y entonces trabajó con empeño, venáxó por junto muchos cuadros á un cargador para las Indias, y se trasladó á Madrid, donde su paisano Diego Velázquez le acogió con gran afecto y le proporcionó el estudio de las obras de Tiziano, Rubens, Vandyck y Ribera, que poseían los Keyes de España. En ellas y en la, s de Velázquez completa Murillo su enseñanza, y á los dos años vuelve á Sevilla (1645) y pinta los cuadros para el convento de San Francisco, que producen admiración grandísima. H a j en estas obras de su primer estilo el detenido 3 seguro dibujo de la escuela florentina, y el colorido de la veneciana y flamenca. A los treinta años de edad se revela su segundo estilo, y como dice Madrazo: Agrandó sus ideas, sintió con más viveza el natural, dio más bulto alas figuras, más atmósfera á sus escenas, más calor á su. s tintas, más transparencia á sus sombras, más sabia gradación á sus términos, y al conjunto de sus cuadros un acorde y una armonía en que venció á todos los grandes pintores del mundo. Fundó una Academia en Sevilla, y á la m- erte de Felipe IV le invitó Carlos II repetidas veces á trasladarse á la corte, nombrándole pintor de Cámara; pero Murillo rehusó tal distinción, y continuó en Sevilla trabajando y dirigiendo su Academia. Hallábase pintando su cuadro de Los desposorios de Santa Catalina para los capuchinos de Cádiz, cuando se desvaneció y cayó del andamio. De resultas de este accidente murió el 3 de Abn! de 16 S 2, á los sesenta y cuatro años de edad. Fué Murillo en la pintura el más ilustre intérprete del idealismo religioso. Bn sus famosas Concef cioneSy en las tiernas y graciosas representaciones de Je. sús niño, ccnio en las místicas figuras de lo. s santos, resplandece un espiritualismo dulHETRATO DE MURILIO, POR h. M. DK TOBaü ce, luminoso, tierno, no subordinado como en Rafael á la norma clásica, sino armonizado con el naturalismo de la vida real, vulgar más bien. Además de estos asuntos religiosos, cultivó Murillo el género realista, y pintó escenas de la viun de o humildes. Las figuras de los pobres en su célebre cuadro de j- í 7 y los muchachos JKgando á los dado, de la Pinacoteca de Munich son muestras de su maestría en este género. EL SUEÑO DEL PATRICIO ROMANO