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ESCENAS PARISIENSES I ESPAGNE QUl Ilíice seis ó siete años comc: izó CHANl Mr. Pierre Latfite la publicación de Femina en un modesto entresuelo interior de la rué Saint- Honoré; hoy Femina posee un palacio en los Campos Elíseos, y la Sociedad que dirige Fierre Laffite edita obras y publica inedia docena de magazines y revistas de gran tirada, entre las que figura estesimpáticoyéíaMteí La sala de fiestas del palacete de Femina se ha convertido en un teatro de los más importantes de París, donde se celebran espectáculos todas las uo ches... y todas las tardes. El teatro Femina es seguramente en la actualidad el negocio más importan- te de la Sociedad Fierre Eaffite. El teatro está á la disposición de todo el mundo. Por 300 francos puede cualquiera ser empresario, j si un autor quiere darse á conocer, alquila el teatro, contrata una compañía y se da el gustazo de representar sus obras. Las Sociedades de aficionados y otras de más importancia, como eJ Teatro de la Obra, que dirige Lugni Poe, no tienen que andar buscando local por París: la sala de fiestas de Femina ha venido á facilitar sus tareas abriéndoles de par en par las puertas de su palacio. El público, y principalmente la sociedad ari. stocrática, ha hecho de Fenuna un teatro á la moda, al que es ae buen tono acudir todas las tardes un par de horas, después de dar el paseo de rigor por el Bosque y antes de ir á Ritz ó á Sumpelmayer á tomar el té. Esta aristocracia parisina se aburre por las tardes, ni más ni menos que la madrileña; pero... no va al cine. Quiere un espectáculo breve, disMR. RENE MflIZEROY traído, espiritual, y el espectáculo soñado es el que Femina la ofrece dando por las noches representaciones teatrales, y por las tardes conferencias literarias á cargo de los más célebres escritores. Yo no sé si en Madrid cuajaría esto de las conferencias; pero me parece que sí. Nosotros no nos atrevemos á poner en práctica muchas ideas que el extranjero nos sugiere por temor al ridículo, y esto de que un poeta, un novelista, un literato cualquiera salga al escenario de un teatro á pronunciar un discurso de hora y inedia se nos antoja ridículo. Pocos escritores madrileños se atreverían á presentarse ante el público temerosos de que los tomaran el pelo. Aquí, en el teatro Femina, se presentan escritores como Bourget, Franc- Nohain y Maizeroy; damas como Jane Catulle Mendes y la princesa Muiat; hombres de ciencia y estudio como el conde de la Vaulx, y el público, que ama á sus literatos y que siente la curiosidad ae conocer personalmente á aquellos que á diario le deleitan con sus obras, acude ansioso á las conferencias y paga muy á gusto el importe de la localidad. Y estas conferencias han sido el éxito más importante de Femina. ¿No creen ustedes que podrían alcanzar el mismo éxito en Madrid? La última conferencia estaba á cargo del ilustre novelista Rene Maizeroy. El asunto elegido, L Espagne qui chante et I Espagne qui danse. En la taquilla del teatio no quedó una sola localidad. Ei teatro estaba de bote en bote. Yo conocía al conferenciante por sus novelas, y uu poco más íntimamente por el prólogo que Gómez Carrillo hizo en una de las obras del literato parisién; pero ignoraba el amor que Rene Maizeroy siente por España; no sabía que desde hace muchos años el autor de La adorada pasa largas temporadas recorriendo las regiones españolas que mas le interesan; me sorprendió el entusiasmo con que habla de las amistades que en España ha hecho: Blasco Ibáñez, Soriano, Bonibita, el Chico de la Blusa. Y su conferencia fué eso: una rápida visión cinematográfica de todo lo que en España le ha interesado y conmovido; una defensa de nuestro país, de nuestros münumeutos, de nuestras costumbres, de la alegría de nuestro cielo, de la hermosura de nuestras mujeres, picarescas como majas de Goya, distinguidas como infantas. VA público, compuesto en su mayoría de damas aristocráticas, escuchaba con avidez la palabra sonora, fluida y simpática de Rene Maizeroy, y al finalizar cada párrafo oíanse murmullos de aprobación, y á cada momento los aplausos estallaban unánimes, entusiastas. ¡Pero este hombre conoce España mejor que la mayor parte de los españoles! -pensaba yo míentras le nía. Y luego, cuando cambié varias palabras con él, me sorprendió todavía más, porque no sólo nos conoce, sino que sigue atentamente los incidentes de nuestra vida diaria, y se entera de la úliima comedia estrenada en Madrid, de la novela recientemente publicada, del discurso de Soriano en el Congreso y de la actitud de Bombita en el asunto de los Miuras. ¡Oh! Esta última cuestión le ha indignado mucno, y asegura que está muj enfadado con el simpático torero. -No... Mire usted- -me decía, -eso que ha hecho Bombita no está bien... ¡Pas cliic- ¿Es mucho pedir- -como solicitaba días pasados Azorin en el Congreso- -una condecoración, una recompensa oficial para los hombres que en el extranjero se ocupan de España con elogio? Los literatos que, como Rene Maizeroy, ponen todo el peso de su celebridad al servicio de nuestra nación, y desinteresadamente luchan por romper la, leyenda de nuestra debilidad y nuestro atraso, ¿no merecen que España los demuestre de alguna manera su. gratitud? Para cuando ese momento llegue, yo os digo que Rene Maizeroy, el exquisito novelista, el conferenciante espiritual, es un sincero amigo de Esoaña... losÉ JUAN CADENAS.