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MESARLVUCLTA No le dejaron acabar la frase. Todos los invitados se levantaron de pronto, y algunos de ellos salieron del comedor. -Vean ustedes lo que puede la imaginación- -d i j o entonces Buckland á los que habían quedado en la mesa; -si yo hubiera afirmado que era sopa de tortuga, todos hubierais continuado encontrándola excelente, y vuestra digestión no hubiera experimentado la perturbación más pequeña. ¿Pero es que nos habéis dado á comer cocodrilo en realidad? ¡Qué disparate! Comprendo muy bien los deberes de la hospitalidad para haberme permitido una broma de tan mal género con mis invitados. R E N G L O N E S CORTOS ¡POBRECITOS POBRESI ¿Pero qué te ha sucedido que vienes tan sofocado? ¡Sofocado! Ya lo creo. ¡Estoy para darme al diablo! Figúrate que venía tranquilamente charlando por la calle de Hortaleza con Agapito y su hermano, cuando, al llegar á la esquina de la calle de San Marcos, un mocetón como un roble, que se finge cojo y manco, se dirige hacia nosotros, y enseñándonos un brazo lleno de bultos y llagas, todo postizo, está claro, una limosna nos pide de este modo: A ver, cristianos, u n a limosna en seguida que no me he desayunado. Al oir tal insolencia estuve por darle un palo, pero me contuve, y dije: Que Dios le socorra, hermano. Quien me socorre ahora mismo es usted, ó le machaco las narices de un mamporro me dijo alzando la mano. No pude ya contenerme; levanto el bastón, y... ¡chato me dejó la bofetada que recibí de aquel manco! Así estoy yo que echo lumbre, por eso estoy sofocado. ¡Vaya un agradecimiento que tienen! Valiente pago recibo yo de los pobres, para los que, con trabajo, doy mensuaímente seis reales desde aquel célebre bando del alcalde, que decía que iba en seguida á quitarno los mendigos de las calles, y... ya ves lo que han quitado; ¡narices! -Casi las tuyas. Ya lo veo. -Un garrotazo doy al que vuelva á decirme que dé siquiera dos cuartos para recoger mendigos. ¡Anda y que recojan gatos ó que recojan colillas y las vendan en el Rastro! FEDERICO JAQUES. CANTARES ILUSTRADOS UN QUINTO BATURRO- ¿Sabe usted leer y escribir? -Leer, no, siñor, pero escribir sí; véalo usted. ¡Esos son garabatos! Bueno, lea usted lo que ha escrito. -Ya l hi dicho antes que no sé 1 er. I I N CAZADOR... CAZADO U n m a r i d o y calavera justifica en casa sus escapatorias fingiendo partidas de caza. Una de las veces compra una liebre al volver á casa y se la presenta á su mujer muy satisfecho. La señora examina la liebre, la huele y le dice al fingido cazador con la mayor Serenidad: ¡Has hecho bien en matarla, porque ya se pudría! Por subir á t u ventana va frazturé una costilla; ¿qué otra prueba de cariño se te ofrece ya, chiquilla? ANÉCDOTAS 1 A FUERZA DE LA Bl célebre natu IMAGINACIÓN í l i s t a illglés dio un gran convite, y entre los invitados figuraban muchos sabios. ¿Cómo encuentran ustedes esta sopa? -preguntó á uno de sus colegas, reputado como un gran gastrónomo. -Exquisito- -respondió éste; -es de tortuga, ¿no es verdad? Buckland movió negativamente la cabeza. -Me parece que tiene un sabor un poco agrio- -observó entonces otro comensal. Todos los cocodrilos de América- -contestó Buckland- -tienen este gusto, y el que he disecado esta manan a. Tía l F 1 xw CONOCIMIENTOS ÚTILES yff aa plNTURA DEL YESO D e b e d a r s e primeramente al yeso una mano al óleo de ocre rojo ó amarillo, que se empape, y luego otra de un color gris rosado ó de ocre mezclado con blanco. Cuando la pared está bien seca se pueden dar dos ó tres Dos estrellitas, serrana, se perdieron en el cielo, y son las que ahora reparo que en tus ojos parecieron.