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yw Viven en mi vecindad Encarnación y Gustavo, que no tienen para pavo el día de Navidad. Se encuentran muy afligidos y exclaman desesperados: ¡Sin pavo! ¡Dospavonadosl ¡Sin pavo! ¡Despavoridos! En tan triste situación el marido y la mujer deciden pavo comer con cierta aproximación. Al efecto, el tal Gustavo á su esposa recrimina, y le pega una tollina de las de b rba de pavo. Ella tiple y él tenor, cantan esposo y esposa una canción pavorosa para infundirse pavor. Toman cerillas inglesas ambos á dos, las encienden, unos periódicos prenden y se comen las pavesas. Al lado vive un torero; va el marido á preguntarle si hará el favor de prestarle un sombrerito pavero. La mujer no os nada fea, toma un pañuelo de talle, sale corriendo á la calle y en ella se pavonea; sube después al tranvía, so va á la calle del Gato y vuelve al cabo do un rato con un cabo de Pavía. Mionti as tanto, él ha pintado en la pared, al carbón, el puerto de Vigo con un vapor empavesado. Al cabo coge Gustavo, con el se pone á danzar, y ella queda sin bailar, es decir, comiendo pavo. Guando el baile es concluido, el cabo y Encarnación bailan cubano danzón y come pavo el marido. Dice el cabo: Hasta mañana y se retira al cuartel; quedan solos ella y él y bailan una pavana. Sacan después el cañón de una roñosa escopeta, que está dentro de una arqueta, y se comen el pavón. Aun así, se encuentra hambriento el matrimonio de pavo, y Encarnación y Gustavo se comen el pavimento. Asi que se lo comió, el matrimonio alborota y canta, de la iMascota: A mis pavos quiero yo. Cuando se van á dormir se cantan de cabo á rabo la canción: Mira que pavo, pavoroso porvenir. (iracias á esta habilidad, Encarnación y Gustavo casi comieron el pavo el día de Navidad. MELITÓN GONZÁLEZ.