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fm I V 4 ir- V CUENTO DE NOCHEBUENA EL PODER DE LA BELLEZA I E R T O día se perdió una niña en el bosque, y no pudiendo encontrar el camino que conducía al pueblo, se puso á llorar, y llorando se le pasó la tarde. Hasta que llegó la noche obscura. En esto apareció un lobo muy grande, de cabeza muy grande, de colmillos muy grandes. I, a niña que lo vio, empezó á dar gritos desgarradores. ¡Por Dios, lobo, no me comas! ¡Mira que mi padre me adora como á sus propios ojos, y si me comes, se morirá de pena... -ISTo tengo más remedio que comerte- -respondió el lobo. -La misión de los lobos es comerse á las niñas como tú, porque tenéis la carne muy tierna y muy sabrosa, ¡Por Dios, lobo- -repitió la niña, -no me comas! ¡Mira que mi madre me adora más que á su propia vida, y si sabe que me has comido, se morirá inmediatamente... -Yo no tengo nada que ver con eso- -replicó el implacable lobo; -estoy hambriento y necesito comer. -Pues toma- -dijo la niña; -ahí tienes una torta de miel y un trozo de chocolate que traía para merendar. Come eso y déjame ir... El lobo se comió la torta de miel y el pedazo de chocolate, y después que comió, lanzó un berrido de satisfacción. -Eran muy buenas golosinas las que me diste; pero mi hambre no se ha saciado; necesito comerte. Entonces la niña tuvo una idea feliz. Se acordó deque sabia bailar de un modo tan encantador, que cuantas personas la veían quedaban encantadas. Pensó que podría encantar también al lobo, y apresuradamente se quitó los zapatitos, se quitó la manteleta, y con el más airoso garbo se puso á, bailar. Y el lobo que vio aquella niña tan guapa bailando tan divinamente, la miraba embobado, sin acordarse de sus amenazas. Pero la niña se cansó de bailar. Y cuando el lobo salió de su embobamiento, volvió á decir: -Necesito comerte... Entonces la niña se acordó de que sabía cantar preciosas canciones con su voz cristalina; todas cuantas personas la oyeron cantar, solían quedar embelesadas. Asi, pues, se encomendó á la Virgen María y cantó una canción. Tan dulce, tan afinada y bella caución, que el terrible lobo sintió su corazón enternecido. El lobo se olvidó de su hambre, entornó los ojos suavemente y al fin se durmió. Ea niña vio esto y echó á correr; después encontró el camino del pueblo y dio cuenta de su aventura. Y salieron los hombres con escopetas, guiados por la niña, y, encontrando al lobo dormido, lo mataron. ¡Qué crueldad... -Sí, hermoso niño, fué una crueldad; aquel grande y crédulo lobo merecía otro oago. Pero las niñas suelen ser así. Duermen á los grandes lobos hambrientos, y después los matan. JOSÉ M. a SALAVERRIA. DIBUJO DB RHCIOOH