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Í URyANDO. -Pero, annati así fues f ómo de un Carolina, vente aquí... (Entia con ella en el gabinete bolsillo ó del suelo va á paiar en el sombrero; DoÑ. i BL. INCA. ¡Dios mío, qué noche! DON GERARDO. ¡Completamente diabólica; DON GERARDO. -Por un milagro de pre. stidigitación ó ilusionismo. Lo que usted dice: el diablo. l íeAURELIO. (Entrando nervioso. Don Gerardo, doña fistófeles... que aún anda por el mundo dando bromas Blanca, ustedes perdonen, vengo volando... ¡He miálos enamorados. ¡Bah, no tiene importancia la cosa... rado en la calle, en la escalera... tiene que ser aquí... Guárdese usted su guante... Sí. aquí... ¿No han visto ustedes mi guante? FERNANDO. (Protestando- ¡No, no, este guante no DON QVR. iSíO. (Asoml rado. ¡Cómo... ¿Pero el es mío! Ni yo lo he traído ni me explico cómo estaba guante... en mi sombrero. (Doña Blanca se guarda elgiianie. DOÑA BLANCA. ¿Pero el guante... AURELIO. ¡Sí, nn guante, mi guante! CAROLINA. (Recelosa. ¡Pues sí que es raro! DON GERARDO. ¡Hola, hola! ¿Conque el guante DOÑA BI, ANCX -Sí es raro. es de usted? DON GERARDO. -Efectivamente, es muy raro. En DoÑ. A BlANCA. -Aquí tenemos un guante... pero es fin, no busquemos la razón metafísica. Vayase usted de mujer. á sus asuntos, y no se preocupe. AURELIO. ¡Pues por eso es mío! ¡Ah, qué peso me QA WÍJ. -S (Reíiceytte. Sí, no te preocupes. quitan ustedes! Creí que lo había perdido para siempre. FERNANDO. -Pues de veras me voy muy preocuDOÑA BL. INCA, (Sacando tm guante del l) olsillo. pado. ¿Habrán querido darme una broma y he traído Tenga usted su guante el guante en el sombrero? AURELIO. Con gran alegría. ¡Alai (Lo besa. ¡Cómo! CAROEINA. -También, también puede ser eso. Pero ¡Pero este guante no es mío! no te preocupes. DOÑA BL. VNCA, ¿No ha de ser, hombre de Dios? FERNANDO. -En fin, ello saldrá. Hasta ahora, se ¿En qué lo conoce usted? ñores. Vuelvo er seguida. AURELIO. ¡En el olor! Este guante no huele como DOÑA BLANCA. -Va 3 a usted con Diosel mío. CAROLINA. -Adiós. Xio 0- e- i s. -DO. (Acompañmzdole. Adiós. Y no se DOÑA BL. ANCA. ¿Pues cómo huele el de usted? AURELIO, ¡Huele á ella! ¡A ella! preocupe... Todavia en el siglo xx hr ce el diablo de DON GERARDO. ¡Sí tiene usted fino el olfato! Jas suyas. (Se van Fernando y don tierardo. DOÑA BLANCA, (Oon la mano en el holstllo. Tiene CAROLIN- zzv agitada. ¡Mamá! u. sted razón, hombre, me he equivocado. Tenga usted DOÑA BLANCA. ¿Qué? ¿Qué te pasa? CAROLINA. ¡Mamá! Yo rompo con Fernando. Yo su guante. AURELIO. (Oliéndolo. ¡Este, éste es! Es lo único termino hoy mismo. que tengo de Esperanza sin que ella lo sepa. Este DOÑA BL. VNCA. ¡Como que no debías haber empeguante me hace revivir toda mi dicha, todo mi amor... zado! DOÑA BLANCA. -Hombre, bien se merece usted algo CAROLINA. -Ese guante lo ha traído Fernando; por el amor de ese guante. (Acercándose á la puerta del Fernando, que me engaña; Fernando, que es un trapisondista, según me deja entender todo el mundo; gabinete. ¡Esperanza, Carolina! ¡Salid! AURELIO. ¡Esperanza! ¿Pero está aquí Esperanza? Fernando, el dichoso Fernando, que es un Don Juan DOÑA BLANCA. -Aquí la tiene usted. (A ella. SoTenorio... (Llorando. Pero le quiero, le quiero... brina... da la mano á Aurelio... Perdónale, porque te DOÑA BLANCA. -Ksa es tu desgracia: querer á Don merece, Juan Tenorio, como todas. D O N GERARDO. -Y te comorende, te conoce... ¡nasta (Entran Esperanza y dojí Gerardo. ESPERANZA. -Carolina... tía... ¿Llego en buena oca- por el olor! ESPERANZA. ¿Eh? jión? ¿No vendrá ese loco de Aurelio... Acabo de saDON GERARDO. -Por el olor de un guante tuyo que ludar á Fercando, que va el hombre todo de prisa á éste conserva y adora por ser tuyo. Daos el guante; inaugurar los bailes de Carnaval. digo, daos la mano. (Aurelio corre á estrechar su 7 nano. CAROLINA -gvj CAROLINA. -Pero entonces... ¿cómo estaba el guante DOÑA BLANCA, j en el sombrero de Fernando? DON GERARDO. ¡Hola; DON GERARDO. -Porque yo lo eche. Creyendo que ESPERANZA. -Sí, esta noche es el primer baile. ¿No se le había caído á él, quise restituírselo, y se lo eché ha venido á deciros Fernando que iba á asistir? Yo lo sé por Napoleón que ha estado ahora en casa y se en el sombrero. CAROLINA. -Y yo que so. speché de Fernando... le ha escapado decir que iría al baile con Fernando. Pero tranquilízate, Carola; se ha suspendido hasta D O N GERARDO. -Y con razón puedes seguir sospemañana. Fernando no debe saberlo. En cuanto se chando, hija mía. Si te quiere, quese enmiende... Hoy entere, lo tienes aquí. le he echado el guante en el sombrero; mañana yo mismo en persona se lo echaré en el baile. D O N GERARDO. ¡Hola, hola, hola... DOÑA BLANCA. ¡Y qué necesidad tiene de mentir, DONCELLA. -El señorito F ernando. de engañar! Pues hija, si todos los negocios son como DON GERARDO. ¡Que pase, que pase! el de esta noche... CAROLINA, -Papá... yo no quiero verle. ESPERANZA. ¿Se ha disculpado con un negocio? DON GERARDO. (A la doncella. Que pase. (A doña Napoleón puede contar todos los negocios de Fernan- Blanca, Esperanza y Atcrelio) Ustedes y yo, adentro. do; son compañeros de aventuras. Pero el picaro disi (A Caiohna. ¡Ahora mismo le despides! Así aprenmula, y gracias á que alguna vez se le va la lengua. derá. (Queda sola un instante- Entra Fernando. D O N GERARDO. ¡Hola, hola, hola... FERNANDO. -Carolina... Q. ATA. o íTaiy. (Agtiadinm. a. ¡Mamá... ¡Mamá... ¡Ay! CAROLINA. (Irónica. ¿Qué... se arregló el negocio? ¡Yo me pongo mala! FERNANDO. -Carolina... Tengo mucho que hablar DOÑA BLANCA. -Hija, ¿quétienes? (Asistiéndola. Oecontigo... Tienes tú mucho que perdonarme. rardo, las sales, trae las sales... en mi tocador... CAROLINA. ¿Perdonarte? CAROLINA- -No, deja; ya se me pasa FERNANDO. -Napoleón me vende, me descubre, ESPERANZA. -Carola, ¿qué te ocurre? ¿Oué tienes? y... ha hecho bien. Es preciso que yo cambie de conCAROLINA. (Riendo nerviosamente. ¡Bl guante... ducta. Es preciso. Temo perderte, y te juro que cam ¡Ahora sí que es el guante! biaré. Esta noche cuando el lance del guante... TeESPERANZA. ¿Qué dice? nías razón en dudar. ¡El guante era mío! DOÑA BLANCA. -Hija mía... CAROLINA. ¿Que el guante era tuyo? CAROLINA. -Dejarme; ya estoy bien, dejarme... FERNANDO. -Sí, mío, era mío; de otra mujer que Tengo calor aquí... no eres tú, Y si materialmente no era mío, podía T) o Z EL (Anunciando. El señorito Aurelio. serlo. Pero yo te juro que ya nunca habrás de reproDOÑA BLANCA. ¿Otra vi- z? Yo no quiero verle... charme el recuerdo del guante. Tengo que decirte ESPERANZA. Aurelio! ¿Dónde me escondo? Vente, muchas cosas. (Intimamente. Escúchame... J. ORTJZ DE PINEDO. DIBUJOS DE MÉNDEZ BKJNGA