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ANO XVI 11 REVISTA kusTT ADAf NÚM. 920 MADRID, 19 DE DICIEMBRE DE 1908 r- -í ij i í í TÍ -Wi f. 1 t Kiv OU- AISITE: AURELIO. ¡Sí, lo conozco... Por ese amor propio reñimos siempre. D O N GERARDO. -Usted también tiene el suyo, querido. Las cosas claras. AURELIO. -Sí, señor, también. ¡Y bien me pesa! Porque no la creía yo cap iiz de una ruptura completa, total, definitiva á lo que parece. ¡Y eso de no admitir ni una carta, ni un ruego, ni poder verla... y pensar que vive ahí, que está ahí, detrás de esa pared. D O N GERARDO, -No; tres paredes más allá... en el primero derecha. AURELIO. -No puedo, no puedo estar aquí, me voy, no puedo... Doña Blanca, en sus manos de usted me pongo; háblela, convénzala, digala cómo estoy, que no vivo, que no como, que no duermo... D O N GERARDO. -Que no fuma, etc. etc. Salita de intimidad, decorada al gusto moderno. Araña de luz eléetrica encendida. DOÑA BLANCA, CAROLINA y UON GERARDO char- lan risueñamente. Una doncella ani. ncia al señorito AURIÍLIO, tiue entra nervioso, lig- cramente agitado. AURELIO. -Un momento, sólo un momento... Ustedes perdonen. Ya sé qae soy molesto, que es una inconveniencia venir todos los días á importunar á ustedes, pero... D O N GERARDO. ¡Hombre, por Dios! ¿Quién piensa en molestias? DOÑA BLANCA. -Usted viene siempre que quiera. Con muchísimo gusto vemos á usted todas las noches. Y si quisiera usted venir también por las tardes... CAROLINA- -Pero siéntese usted, Aurelio. AURELIO. -Gracias, gracias; me voy, no puedo estar aquí; me pongo nervioso, agitado; me acuerdo de... ¿Qué noticias me da usted hoy, doña Blanca? DOÑA BLANCA. -Siento no poder dárselas mejores que ayer. Sigue irreductible, sin ganas de ver á usted, sia pasar de noche por no encontrarse aquí con usted... Ya conoce usted el amor propio de mi sobrina. AURELIO. ¡Que quiero verla, hablarla, adorarla... Ustedes perdonen este lenguaje, esta vehemencia que me domina. Carolina, usted perdone... Don Gerardo, usted perdone... Hasta mañana, A los pies de usté-