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v r 1 A LA HORA DE AL VIORZAR I íT. Qó la criada al centro del despacho cargada con los bártulos del almuerzo, y, á una orden de don I Ucas, los dejó todos encima de una mesilla entre un ¿oíum i evolulum de diarios y revistas y de papeles y librotes. D. Lucas, sin Iiacer caso del apetitoso perfume que como por ensalmo llenó la habitación, continuó enfrascado en su tarea. Estaba escribiendo. Bajo su nariz ganchuda, las cuartillas se iban cubriendo de enrevesadas letras y sinuosas líneas. De vez en cuando alzaba la cabeza, clavaba sus ojos en un libro que frontero á él estaba abierto y, después de andar á caza de un párrafo en una y otra páginas, tornaba á dejar correr la pluma sobre la cuartilla. Socialista eminente y apóstol de las turbas, su voz defensora de cien lindas utopias había sonado en todos los ámbitos de España con tremantes y apocalípticas modulaciones. A la sazón se ocupaba en componer un discurso para pronunciarlo en un teatro de lai corte ante la muchedumbre hambrienta de pan y justicia y, absorto en sus ideas de redención social, dejaba que se le enfriara el almuerzo; pero un hermoso gato que pasó á la habitación y á quien las incitantes tufaradas besaron las sonrosadas naricitas no pudo resistir al deseo de saltar á la mesilla, y ya en ella, vio en un plato dos suculentas chuletas medio anegadas en un diminuto mar de tomate frito. Ante este espectáculo, ¿qué gato del mundo, rindiendo parias á la virtud, se siente capaz de entornar los ojos, de cerrar la boca y de echar la llave al soliviantado estómago... Yo creo que ninguno; al menos nuestro felino no hizo más que alargar la zarpa, coger una de las sabrosas chuletas, dejarse caer al suelo con notable silencio, y hurtando el cuerpo, salir de la habitación á sitio donde pudiera engullir con descanso y comodidad. En tanto, el apóstol, entretenido en la confección de un rotundo párrafo, no se daba cuenta de lo que pasaba en torno suyo, pues ¿cómo cuidarse de míseras chuletas cuando hay que domeñar las rebeldes palabra. para que su encadenamiento resulte musical y perfecto, según las retóricas artes? ¿Cómo reparar en almuerzos cuando la idea fuerte y luminosa está bullendo en el cerebro y, antes que se escape, ha 3 que darla expresión y engarzarla en el lenguaje... El gato volvió á la habitación con los ojos relumbrándole de gusto como dos monedillas de oro recién salidas del troquel. Por sus narices, por sus blancos mostachos y por su pelinegra barbilla la sonrosada lengua iba y venía haciendo oficios de áspera servilleta. Primero miró receloso á D. Lucas, luego avanzó con gentil contoneo en el andar y, por último se lanzó de nuevo á la mesilla y, aprehendida la otra chuleta, se escapó ufano con su presa. En cuanto D. Lucas hubo terminado su párrafo, se levantó y, temblándole las barbas y clavando en el techo los fulgurantes ojos, y esgrimiendo los brazos, que lio parecían sino aspas de molino sueltas en tiempo de vendaval, habló así: ¡Oh, humilde pueblo! Cuando contemplo tu miseria y tu ignorancia; cuando te miro tan hundido en el cieno, tan metido hasta el cuello en la cloaca; cuando veo caer diariamente sobre tus espaldas tantos insultos y vejaciones, sin que nada te subleve, me pregunto espantado: ¿Qué medios, qué recursos emplearíamos para galvanizar esta masa inerte, para dar vida á este cadáver, para infundir un soplo de rebelión en estos espíritus eunucos... Calló el apóstol y restregóse las manos de placer