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ESCENAS PARISIENSES S o s NIÑOS DEL DÍA Ya están los escaparates llenos de juguetes, ya en los grandes bazares no vemos más que polichinelas, muñecas, caballos de cartón, escopetas diminutas y figuras de movimiento. Eos bazares durante este mes son el verdadero paraíso de los niños. ¡Ay! Pero estos juguetes son caros, muy caros, y solamente podrán adquirirlos los niños ricos; los niños pobres harán bien quedándose á las puertas del paraíso, porque ojos que no ven... Sí... Estos juguetes que la fantasía de los inventores parisinos ha dado en construir, son caros, tienen mucho trabajo, una maquinaria complicadísima, necesitan una porción de accesorios y, naturalmente, todo esto hav que pagarlo. Nos vamos alejando de aquellas felices épocas en que un muñeco toscamente presentado hacía reir á la infantil clientela; á los niños modernos Polichinela no los divierte, y mirarían con desprecio á Juan de las Viñas. Los niños hoy nacen sin alegría ó son más calculadores... Yo acabo de ver á un niño de seis años que se paj seaba aburrido por las galerías, sin que nada de lo que veía le llamara la atención. ¿Te gusta ese caballo? le preguntaba la señora que le llevaba de la mano. El muchacho decía que no con la cabeza, sin molestarse en hablar siquiera. Detuviéronse dejante de un hermoso circo, lleno de ecuyeres, payasos y caballos, todos de movimiento. Hacíase juo- ar un resorte, y la representación comenzaba... El director agitaba su batuta, los caballos galopaban por la pista los downs daban volteretas. ¿Quieres que te le compre? preguntó la señora al niño. Este vaciló un instante y acabo por decir; No... Prefiero que el domingo me lleves al Nouvcau Grgtie. No me negarán ustedes que los seis años de esta criatura son prácticos. ¿Para qué quiere un circo de iuguelepudiendo ir á ver un circo, de verdad? Así han paseado un par de horas la señora y el niño por las galerías sin encontrar nada que fuera del agrado del pequeño hombrecito... Por fin vio un juguete que le interesó grandemente... Era una diminuta fabrica de cerveza con su horno, su chimenea, sus tuberías... En ella pueden hacerse todas las operaciones que son menester para la fabricación de la cerveza, y el aiño, después de verla funcionar entusiasmado, quiso absolutamente que se la compraran... Ea señora pagó sin pestañear los 200 francos que la pidieron... Y es que antaño los niños soñaban con hacerse generales, exploradores ó. capitanes de bandoleros... Ho- gaño piensan en abrir una cervecería ó en construir un nuevo modelo de aeroplano. ¿Para que su nombre pase á la posteridad? ¡Ca! Para vender el secreto lo más caro posible y retirarse luego, como Wright, á vivir de las rentas. ¡Oh! Estos niños... Estos niños. Cada uno de estos niños modernos crean ustedes que nace teniendo vn viejo en la barriga... JOSÉ JUAN CADENAS.