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la aguja, y ahora, ante la necesidad volvía á pensar da exigencia de qu. e Se trabaje, si se ha de ganar la en su dedal de acero gastado por el uso y sus tijeras plata... Lo cierto es que se hizo un convenio: el Verdesutiles pendientes de la cintura. A boca de noche, rón comería á cuenta de su mujer, y hasta bebería y abochornada- ¡como si fuera ella quien hubiese he- fumaría, comprometiéndose á respetar la labor de ella, cho el mal! -se deslizó en el almacén, y en voz baja su negocio, su industria ya fundada, su arte elegante. pidió labor para su casa pues no podía abando- Y Frutos prometió. nar á las criaturas... La retribución, irrisoria- -no hay Mas no era el holgazán del escaso número de los nada peor pagado que lo blanco -Dolores no la que cumplen lo pactado, y su orgullo de varón y duediscutió. É r a l a corteza- -muy dura, muy menguada, ño tampoco se avenía á aquella dependencia, á aquel eventual- -que volvía á su hogar pobre... papel accesorio... ¡Vamos, que él tenía derecho á enCorrió el tiempo. Habitaba hoy la Garlera un piso trar y salir en su casa cuándo y dónde se le antojamodesto, limpio, con vista al mar; su chico concurría se! ¡Bueno fuera que por cuatro pingos de cuatro seá un colegio; la pequeña ayudaba á su madre, entre ñoronas que venían allí se le privase A. pasarse las oficialas del obrador. Porque Dolores tenía obra- horas en el taller, requebrando á las oficialitas! Y así dor y oficialas, hacía por cuenta propia equipos, ca- lo hizo, á pesar del enojo y las protestas de Dolores. nastillas, y poseía su clientela de señoras, que iban- ¿Tienes celos, eh, salada? -preguntábale él, sarpersonalmente á encargar, probar y charlar iftn rato. cástico. ¡Buena mujer! ¡y muy puntual! ¡y habilísima! re- ¡Celos! -repetía ella. -Si te gustan las oficialas petían al bajar las escaleras, despidiéndose toda- llévatelas á todas... pero fuera de aquí, ¿entiendes... vía, con una sonrisa, de la costurera, que salía al A un sitio en que tus diversiones no me estropeen la descansillo á murmurar por última vez: Se hará, labor. ¡Eso no! Eso no te lo aguanto, y te lo aviso... señora... No tenga cuidado... Como guste... Así se ¡No me toca á mis encargos un vago como tú! había ganado la parroquia, por medio de humildades Con la malicia de los borrachos, así que Frutos dulces, de discretas confidencias de esas penas do- comprendió que ahí le dolía á su mujer, empezó á mésticas con que toda hembra simpatiza, y ponien- meterse con la ropa blanca. Escupía en el suelo, tirado cuidado exquisito en entregar la labor desliíiu- ba los cigarros sin. mirar, manoseaba las prendas, se brante de blancura, primorosa de cosido y rematado, ponía las enaguas bromeando, se probaba los camisoespumosa de valenciennes, hecha un merengwe á fuer- nes. Naturalmente, cualquier desmán de las oficialas za de esmero. Con la reputación de tantas virtudes lo disculpaban achacándoselo al marido de la señora obreras vino el crédito; con el crédito, el desahogo; maestra. Venían ya quejas de clientes, recados agrios con el desahogo, el trabajo SMave y halagador, y el- -el descrédito que principia... -Un día se perdieron cariño intenso del artífice á la obra perfecta, en la uno. s ricos almohadones... Dolores averiguó que estacual se recrea y goza antes de enviarla á su destino. ban empeñados por Frutos para beber. En la Cartera había desaparecido la esposa del carUna tarde de exposición de equipo de novia, anunpintero vicioso, chapucero y zafio, en chancletas y ciada hasta en periódicos, el carpintero volvió á su desgreñada, y nacido una pulcra trabajadora, semiarcasa chispo y maligno. La madre de la novia, la notista, encantada, aun desinteresadamente, con los la- via y parte de la familia examinaban el ajuar. Entró zos de seda crespos y coquetones, los entredoses y cael Verderón, y su boca hedionda, de alcohólico, comenlados de filigrana, las ondulaciones flexibles de la zó á disparar pullas picantes, á glosar, en el vocabulabatista y las gracias del corte, que señala y realza las rio de la taberna, los pantalones y los corsés, las prenlíneas del cuerpo femenil. Algo de la delicadeza de su das íntimas, florecidas de azahar... Cuando las señotrabajo se había comunicado á todo su vivir, á su ras hubieron escapado, despavoridas é indignadas, manera de cuidar á los niños, al claro aseo de sus ha- exigiendo el envío inmediato de su ropa y jurando bitaciones, á la frugalidad de su mesa. Aunque toda- no volver más á tal casa y contárselo á las amigas, vía fresca y apetecible, la Cartera guardaba su honra Dolores, pálida, tranquila, se plantó ante el esposo. con cuidado religioso- -no por miramientos al pillo, -Vuelve á hacer lo que hiciste hoy... y sales de de quien no se sabía palabra, sino porque esas cosas trastornan y dan mal nombre, -y era preciso que á aquí y no entras nunca. ¿Tú á mí? -rugió el borracho. ¿Tú á mí? Ahora su casa viniesen sin recelo sus parroquianas, las semismo voy á patear esas payaserías que haces... ¿Ves? ñoras principales... Las pateo porque me da la gana. Extendida estaba sobre las mesas del obrador una Y agarrando á puñados las blancuras vaporosas de canastilla de hijo de millonario- -la más cara y com- tela diáfana, orladas de encajes preciosos, las echó ai pleta que le habían encargado á la costurera, un suelo, danzando encima con sus zapatos sucios... Dopoema de incrustaciones, realces y pliegues- -cuando lores se arrojó á él... La pacífica, la mansa, la sufrida se entró habitación adelante, entre las risas fisgo- de tantos años se había vuelto leona. Defendía su labor nas de las oficialas, un hombre de trazas equívocas. defendía, no ya la corteza para comer, sino el ideal d t Venía fumando un pitillo, y, al preguntar por Dolo- hermosura cifrado en la obra. Sus manos arañaron, sus res y oír que no se podía hablar con ella- -lo cual era pies magullaron, la vara de metrar puntilla fué arma un modo de despedirle, -soltó á la vez un terno y la terrible... Apaleado, subyugado, huyó Verderona, la ancolilla ardiendo; el terno sólo produjo alarma en las tesala y abrió la puerta para salvarse. Todavía allíDochiquillas; la colilla chamuscó el encaje Richelieu de lores le perseguía, y el borracho, tropezando, rodó la una sábana de cuna. escalera. La cabeza fué á rebotar contra los últimos- ¡Soy su marido! -gritó el intruso, -y á cualquier peldaños, de piedra granítica, quedando tendido inerte en el fondo del portal... Su mujer, atónita, no comhora me se figura que la podré ver... No cabía réplica. Corrieron á avisar á la maestra; prendía... ¿Era ella quien había sacudido asi? ¿Era ella la que todavía apretaba la vara hecha astillas... se presentó temblona, y se le llevó á un cuarto, allá dentro. No se sabe lo que conversarían; acaso el Ver- El chillido de una oficiala que subía la aterró... El derón confesase que se hallaba ya convencido de que hombre no se movía, y por su sien corría un hilo de sangre. también allá en el Nuevo Continente tienen la absurLA CONDESA DE PARDO BAZAN. DIBUJOS DE MRNDEZ BRINGA