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Sentóse en una silleta paticoja y lloró amargamente. No cabía duda ue aquel pillo había embarcado para América. Dinero no tenía, pero va se sabe que ahora facilitan tales cosas garantiza ndo desde alia ei billete. En Jáuenos Aires no vaa a saber que Bebedor y holgazán, mujeriego, timbista y perdido como era su Frutos, alias Verderón, siempre acompañaba y traía á casa una corteza de pan... Corteza escasa, reseca, insegura, pero corteza al fin. Por esto- -y no por amorosos melmares que la miseria suprime r i C i r V T I fe. C. -íífi el carpintero á quien llaman para ejercer su oficio es un borracho y deja en su tierra obligaciones. La ley dicen que prohibe que se embarquen los casados sin permiso de sus mujeres... ¡Sí, fíate en la ley! Ella á prohibir y los tunos á embarcar... y los señorones y las autoridades á hacerles la capa... ¡y adelante! pronto- -lloraba Dolores la desaparición, y mientras corría su llanto, discurría qué hacer para llenar las dos boquitas ansiosas de los niños. Acordóse de que allá ea tiempos fué pizpireta aprendiza en un taller que surtía de ropa blanca á un almacén de la calle Mayor. Casada, había olvidado