Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
D E SEIS pTN pasar del mej or modo posible este par de horas, que llamaría ve speras cualquier modernista al uso, sstriba el principal problema del invierno. -En invierno las noches son muy largas- -dice la gente aludiendo á lo pronto que el sol se pone y á lo pronto que es riecesario encender la luz artificial. JX OCHO se van al cine con la señorita de compañía ó con la criada, según los casos y según las casas á que los nenes pertenecen. La vida ha cambiado mucho, y hoy todo el mundose las compone para pasar alegremente estas pesadas horas del anochecer. De seis á ocho son las reuniones caseras, con té más. ó menos fi 7 e- De seis á ocho se verifican las secciones de lujo en los cines, las piezas vermoiith en los teatros y los grandes paseos en la Carrera. De seis á ocho losescaparates de los suntuosos comercios brillan radiantes, los autos pasan veloces envueltos en la bruma del crepúsculo, y las gentes andan presurosas, febriles y elegantemente ataviadas con las ÍZ ÍÍ de paseo lucidas durante la tarde. Estas dos horas, netamente madrileñas, tienen cierto encanto, y á disfrutar de él se lanza un público numeroso. Las señoritas de Antúnez jamás prescinden de esta agradable toarnée vespertina. De vuelta de paseo se dirigen al centro á hacer una visita. En ver á las de Tal ó á las de Cual gastan treinta minutos, y á las seis y media pueden cruzar por las Cuatro Calles, que se hallan á esa hora cuajadas de galanes. Después de ese brillante desfile ante los Tenorios del Banco Hispano Americano, las de Antúnez. entran en un comercio de lujo y compran unos botona fantasía ó un galón dorado para la ¿evita de la menor, Vi 2- j e x 1- M i -Uiít- ÍS. CÍ... l C r fTr. J- Í A I i 4- ex. Y realmente el que es largo es el crepúsculo, o mej oi dicho, el espacio que media entre el acto de ponerse el sol y el acto de poner la mesa para cenar. Ese par de horas son la desesperación de los aburridos burgueses y la alegría de las Compañías de electricidad. ¡Menudas facturas de consumo de fluido nos envían Jas tales durante estos fríos meses... Por esta razón son muchas las familias que emigran de su casa de seis á ocho- En la calle hay bullicio, movimiento y luz gratis. Y el contadorSLOi- aé. X. i ío no con e. Antiguamente la velada se desarrollaba en el hogar. La familia se reunía en torno al quinqué y cada individuo se dedicaba á una ocupación distinta. La madre cosía; el hij o mayor estudiaba; la niña casadera hacía una labor fantástica, siempre j- azzí o en él y, por último, el padre entretenía á los niños pequeños enseñándoles estampas ó valiéndose de otro medio cualquiera para que no se durmiesen antes de cenar. Esto de entretener á los chiquillos durante tales horas era un refinado egoísmo de los padres. Chico que se dormía á las seis de la tarde, chico que se despertaba á las cinco de la mañana siguiente. Y para evitar este peligro los papas hacían locuras con ánimo de que los nenes no cerrasen sus ojillos... Hoy todo esto ha cambiado. El quinqué no existe; el hijo mayor no estudia (ni el pequeño tampoco) la algo, en fin, de poco coste, pero que permita entrar en madre sale con la niña, pues de seis á ocho es la mejor la lujosa tienda. Hecha la compra, la sección de las siete época para la pesca, y el padre no entretiene á los en el cine de la calle de Cedaceros se impone. Las dechiquitines, por dos razones. La primera, porque el Antúnez conocen todas las películas. Han visto catorpadre se va al Círculo, y la segunda, porque los niños ce veces las Mani- hr l la Caballería itfiliana y