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í ESCENAS PARISIENSES pfL SALÓN DEL AUTOMÓVIL Con la Solemnidad acostumbrada inauguróse el primero de los dos salones or ganizados este año por la industria automovilista. l,o s constructores de automóviles no han querido ser menos que los pintores y escultores, y se, han dividido para eso, para hacer dos salones. ¿Quiere esto decir que la industria automóvil se halle en su período de mayor prosperidad? ¡Ay, no! A excepción de dos ó tres marcas, las demás agonizan y están amenazadas de un era ¡formidable... Se produce y no se vende... Este salón del automóvil, que al principio fué una especie de feria donde se hacían grandes negocios, en la actualidad es una Exposición más que sólo proporciona gastos á las casas constructoras. Y es natural... Todo el que tenía fortuna para proporcionarse el placer de poseer un automóvil, le ha adquirido ya, y le cuida con el mayor esmero, porque todos los años no puede comprar un nuevo coche y gastarse quince ó veinte mil francos. Pues, ¿qué creían los constructores? ¿Que las gentes iban á hacer colección de autos como coleccionan sellos de correos? lyos ricos, pues, tienen ya sus coches correspondientes, pero los constructores continúan produciendo, porque creen sin duda que la humanidad ha mejorado de fortuna y que todos somos millonarios que podemos permitirnos el lujo de adquirir un auto todos los meses. Así resultó que el salón del pasado año fué un fracaso financiero, y así resultará ahora con estos dos salones, que concluirán con las últimas esperanzas de las casas constructoras, Algunas de éstas, no obstante, han visto claro y abandonan la construcción del carruaje de lujo para lanzar al mercado el coche ligero y económico, el coche al alcance de las fortunas modestas. Estos carruajes son -prácticos, consumen poco y seguramente tendrán éxito. El caballo va á desaparecer definitivamente de los carruajes de alquiler Ea característica del salón actual es la economía con que han sido hechas las instalaciones; detalle que revela la situación en que se encuentran las casas constructoras. Claro es que el buen gusto y la elegancia son cosas que no pueden faltar jamás en París; pero los que hemos visitado los salones anteriores recordamos aquel derroche de luz, aquella suntuosidad en los siands, todo el lujo que, sin reparar en sacrificios costosos, pagaron los señores organizadores para atraer la clientela univeisal. No... Este año se han achicado, no han querido gastar mucho, quizá escamados por el fracaso último, y como comprenden que un solo salón en estas condiciones no bastará para retener al extranjero en París por espacio de un mes, han ideado la celebración de dos salones, porque de esta manera mantendrán más tiempo la curiosidad, y los forasteros permanecerán aquí gastándose su buen dinero, aue es lo que se trata de conseguir. Y esperando este bendito mes del salón han estado los comerciantes parisinos con los brazos cruzaaos. ¡Ohl El mes de Diciembre... Es el buen mes, es el mes de los negocios, corre el oro á manos llenas y se desquitan de todas las pérdidas sufridas durante toda la llamada estación muerta VPero el salón del automóvil decae... Este año h a sido ya una decepción para el público... ¿Qué será el año próximo? Si á las exhibiciones parisinas las quitamos la suutviosidad y el lujo, ¿qué interés puede tener para el extranjero la ciudad del encanto y del placer? JOSÉ JUAN CADENAS.