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¿A servir? Sarniento le hubiera sorprendido en su alegría, dice: -Sí. -Pos mira, no vayas á creerte que es oro too lo que reluce, que á veces tras el dorao está el jierro, j ¡Yo! -Si quieres, yo se lo diré á la señorita. Precisatras la risa las lágrimas. mente el mozo de comedor se despidió al venirnos, y- ¡Eh! ¿Qué quies decirme con eso? ese es oficio que pronto se aprende. -Que la risa encubre al llanto muchas veces- -No, no; tener que dejar el campo, separarme del -Pero... ¿es que ties tú alguna pena? ganao; ¡nunca! -No. -No creí que tenías tanto apego al ganao. ¿Entonces... -Más de lo que parece, y no lo dejaría por na ni Joselito duda un momento, y al fin dice encogiénpor nadie. dose de hombros: Joselito se levanta, disponiéndose á marcharse. ¡Bah! Es un decir. Luisa prosigue su bordado. Joselito coge una ma- Luisa le pregunta: -Pero ¿es que te vas? ceta, y, poniéndola boca abajo, se sienta en ella frente- -Sí, ¿querías algo? á Luisa, se quita el sombrero de anchas alas, y des- -Quería... decirte una cosa. pués de darle muchas vueltas entre las manos, de es- ¿A qué esperas pa decirla? cupir dos ó tres veces, carraspear otras tantas y mi- -A que me prometas que no te has de enfadar. rar por el rabillo del ojo á Luisa, dice: -Prometió. -Trabajando, ¿eh? -Es que puedes creer que hago poco aprecio dé- -Sí- -contesta Luisa sin separar la vista del bastitus cosas, pero te aseguro que yo no he tenío la culpa, dor, -trabajando; y tú ¿trabajas mucho? -No; en este tiempo el ganao da poco que jacer; ni me explico como ha podio ser. -Mira, no andes con medias palabras y dime de traerlo y llevarlo al monte; con una vez que pase por la laera se queda jarto, y busca de seguía la sombra una vez lo que sea. Luisa duda, se revuelve nerviosa en la silla, y al e los olivos pa recostarse. E n el invierno ya varía; entonces sí que se trabaja; por supuesto que ya tú lo fin, decidida, exclama: sabes, que antes de irte de doncella con la señorita y- -Pues que esta mañana, al ir á echarle de comer al jacerte casi... casi otra señorita, también pasaste lo jilguero que tú me diste, me he encontrao con lajaula tuyo. vacía; yo no sé cómo puede haberse escapado... -No; no se h a escapao. Es que yo esta mañana, Luisa suspende el trabajo, y mirándole con fijeza, antes que tú te levantaras, cuando comenzaba á clale dice: -Parece que ties rabia de verme hecha casi una rear el día, vi lajaula en tu ventana, y en ella al pobre jilguero; pensé que al marcharte te lo llevarías con. señorita; no pierdes ocasión de recordármelo- -Rabia, no; pena, sí; me da pena el ver la poca tigo allá á la ciudá, y me dio una pena mu grande, querensia que leties al campo y la mucha que le has porque me dije digo: Yo tengo la culpa de la desgracia de ese pobre animal; yo lo cogí y lo he condecobrao á la ciudad. -Sí se la tengo, no lo niego, y si tú hubieras estao nao á morir prisionero; por mi causa no ha de volver á ver el campo, á picar los azadares ni á beber en la allí, también se la tendrías. fuente. Pensé que él tendría sus cariños, quizá que- ¿Quién? ¡Yo! ¡Pues no hay poca diferencia! El campo, como una compañera y un nido; de too le había privao yo; muy bien dice la señorita, es bueno para una tempo- si los animales, como los hombres, odian, ¡cuánto me debe odiar este pobre pájaro! me dije. Y al pensar rada en primavera... too esto... me subí en la ventana, le abrí la puerta de- ¡Miren la pjesumía! El campo es bueno en too lajaula y voló; se fué cantando, y yo... yo quedé casi tiempo. llorando de alegría. -Pa ti, que no conoces otra cosa. ¡Valiente tonto -Ni quiero. ¡Eh! ¡Que ni quieres! -dice Luisa mirándole con com- -El se lo ha perdido; buena diferencia va de estar pasiva lástima. -Si tú fueras á la casa del amo y paen su casita, con la comida segura, á andar por el liaras allí un invierno, ya me lo dirías. ¡Yo! ¡Yo ir á la casa del amo, á encerrarme entre campo, expuesto al hambre y al frío, y á que el tiro cuatro paredes y no ver la luz del sol más que á tra- de un cazador venga y le corte la vida allí en el vés de cristales y cortinas! Una vez estuve, no pasé punto y momento que él menos se lo espere. ¡Bah! -dice Joselito mirándola despreciativaallí más que un día y aún parece que tengo la sombra mente. -Donde está el cuerpo está la muerte; y has de su tristeza metía en el cuerpo. Luisa mira á Joselito y sonríe irónicamente; de sus de saber que al que en el campo ha nació más le vale entreabiertos labios se escapa alffo imperceptible, y morir á la luz del sol que vivir sin verla. después, en alto, exclama: Joselito vuelve la espalda á Luisa y se aleja; ella- -Pues yo estoy deseando que llegue el día de irnos. le sigue con la vista, y cuando al fin le ve desapare- -Ya poco tiempo te falta- -dice Josehto con pena. cer, reanuda su trabajo lenta, perezosamente. De- -Sí, me ha dicho la señorita que á todo más tardar pronto rasga el aire el eco de una copla lejana; es Jo selito el que canta, y la letra dice así: nos vamos el domingo. Vete, vete por el mundo, ¡El domingo! ¡Qué pronto! que el mundo te dará el paíjo. ¿Te da pena? ¿Qué le he de jacer yo, -Sí, Luisa, á qué negarlo. si Ubre te crió Dios- ¿Por qué no te vienes con nosotros? y tú quieres ser esclave? José R. IZQUIERDO. DIBUIOS Oí: MENDE 2 BRINOA