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ESCENAS PARISIENSES Acaban de atravesar el bulevar las nuevas afficheuses... Son dos señoritas jóvenes, morenas y bastante guapas, que podrían ganarse la vida de infinidad de maneras menos pegando carteles por las esquinas. Una de ellas lleva á la espalda una escalera pintada de verde. La otra se ha puesto de bandolera la cubeta del engrudo. Ambas visten blusas entalladas de dril claro y un bonetito redondo con el nombre de la agencia de publicidad que las ha contratado. Después de las mujeres cocheras, tuvimos las chauffeusses; ahora han salido las carteleras y ¡ande el feminismo! Pero no han llamado la atención ni han despertado la menor curiosidad en el público. Llegaban á una esquina, arrimaban la escalenta verde, preparaban el cartel, y mientras la una sostenía el cubo, la otra manejaba la brocha con soltura. Los transeúntes se detenían un instante, se sonreían y se alejaban. Está visto que la mujer latina no es práctica, quizá porque es la verdadera mujer. Mientras las mujeres del Norte van poco á poco arrancando concesiones y conquistando terreno por medio de una campaña tenaz y sabiamente emprendida, esta deliciosa mujercita latina confunde alocada los términos y traspasa los límites eligiendo siem pre el lado ridículo. No, no es práctica... Las sajonas han empezado por conquistar las aulas de las Universidades; después han invadido los escritorios, los despachos, los Bancos, y son taquígrafas, dactilógrafas, contables... y más tarde lograron en algunas pequeñas ciudades de Inglaterra ocupar varios puestos en los Ayuntamientos. Hoy esta camnaña feminista se halla en su mayor apo geo, y los más refractarios reconocen que el movimiento de opinión es formidable, y que en un plazo que no pasará de dos años las mujeres inglesas habrán alcanzado la reivindicación suprema: el derecho al voto. Pero es que esas mujeres no tienen de tales más que las faldas, porque en sus maneras, en sus ademanes, en su modo de pensar, son verdaderos hombres... Ni siquiera físicamente resultan femeninos esos tipos angulosos, desgarbados, inelegantes, sin gracia en los movimientos, sin encantos ni esprit... La campaña emprendida es una campaña rabiosa, de desheredadas de la belleza y la gracia femeniles... Fijaos bien en las directoras del movimiento inglés: ó son viejas como Emelina Paukhurst, que tiene la edad de tres loros cogidos de la mano, ó son de una fealdad que asusta, ó se han divorciado catorce veces... Por eso el feminismo no hace progresos en Francia, ni ílos hará en Italia, y mucho menos en España. La mujer latina, llena de encantos y atractivos, no tiene tiempo bastante para ocuparse de su propia belleza, y la entretiene mucho más la confección de una toilette, con la que sabe que va á estar muy linda, que todas las conquistas y feministas habidas y por haber. En materia de conquistas esta muñequita latina no conoce otras que las que se re fieren al corazón de los hombres, porque triunfa y reina sobre ellos. ¿Qué saben de esto esas alemanotas de pies de caballo y cabezas redondas como bolas de billar? ¿Qué esas inglesas huesudas y desgarbadotas? ¿A quién va á enamorar f v la señorita dinamarquesa que en la caja del Banco de U V Copenhague me daba la nota del cambio haciendo unas operaciones matemáticas que asombrarían á Pitágoras? ¿Ni cómo es posible que encienda una pasión la joven barbera que me afeitó en una peluquería de Estockolnio? ¡Únicamente amenazándonos con ía navaja de afeitar, como el que pide la bolsa ó la vida! Inútilmente intentan cuatro locas cursis introducir ideas exóticas en las lindas cabecitas de las mujeres latinas... KIstas no las hacen caso, y se ríen de ellas. Y cuando surgen dos docenas de desesperadas, entienden el feminismo por la culata, y se montan en el pescante de un coche de punto, ó se agarran á la rueda de un automóvil, ó salen como estas dos desventuradas carteleras con un puñado de prospectos, un cubo de engrudo y una brocha y una escalera a l a s costillas corriendo por los bulevares, qne o parece sino que van á esperar á los Reyes... jY ande el feminismo! A NDE ELFEMINISMOI f JOSÉ JUAN CADENAS.