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m SAREVU LTA -Eso es. Habéis escrito la Historia del Imperio Otomano, ¿no es verdad? f- -En efecto... del Bajo Imperio. I A estas palabras, molesto el Emperador de tantas equivocaoiones, le volvió la espalda, mientras Ameilhon, conmovi- dísimo y eotusiasniado, se volvía á sus compañeros, diciéndoles: ¡Es admirable el Emsperador! Todo lo sabe. I jNA HISTORIA INTERESANTE Un gentilhombre, qu había viajado macho, fué á G hantrUy á saludar al príncipe de Conde, y en el relato de sus viajes le habló de un príncipe persa, que á los treinta años hehía hecho las más brillantes cosas que se podían imaginar. Durante esta relación llegó la hora de la comida, y se sentó á la mesa del príncipe. Este, dirigiéndose al gentilhombre viajero, le dijo: -Me interesa muchísimo la historia de ese joven persa tan notable, y deseo conocer la continuación de su vida. El gentilhombre, viendo que los platos se servían de prisa y que la relación le impediría comer á gusto, e s clamó: ¡Ah, señor! ¡Qaé desgracia! Un príncipe que babía empezado t n bien sus primeros treinta años... murió de repente. NOTICIAS FALSAS Madama de tjain- Loup fué á visitar á madama Cornuel, y la dijo, después de haber pasado cerca de una hora en su compañía: -Veo que me habían engañado al decirme que habíais perdido la cabeza. -Ya veis- -contestó madama Cornuel- -como no se puede una fiar de las noticias. A mí me habían asegurado que habíais recobrado la vuestra. Oo s UN ULTIMÁTUM- -VeugQ. por la limosnica del sábad -lío está la señara. ¡Pues ya sabe que veago todos los sábados, y vas á decila que te deje á ti la limosna cuando tenga que salir, y que ei no la conviene así... que busque otro probé! y- ONClERTO CASERO La señora se sienta al piano á cantar, y el marido inmediatamente se asoma al balcón. Pero hombre, ¿por qué te sales al balcón cuando empiezo á cantar? -Hija mía, para que al oírte gritar vean los vecinos que yo no tengo la culpa. El dueño de la casa al Operario: -1,6 he llamado á usted para arreglar el piano de mi hija. El operario contesta con extrañeza: ¡Pero señor, si yo soy cerrajero! -Pues por eso: para que ponga usted al piano una círradura inglesa y me die usted á mí la llave. PRECAUCIÓN CANTAR ¡LUSTRADO ANÉCDOTAS pvEBlLlPADES QE SABIO El historiador Anieilhon maba parte una vez de diputación del Instituto que iba á cumplimentar á poleón I. Deseoso de que el Emperador se fijara en le dirigiera la palabra, se colocó todo lo más visible pudo. El Emperador lo notó, y le dijo: -Yo os conozco. ¿No sois M. Ancillon? -En efecto, señor, Ameilhon. ¡Ah, ya! Bibliotecario de Santa Genoveva. -Ea efecto, señor, del arsenal. foruna Naél y que Así, en inútil porfía, pasa esta vida traidora; yo, pidiéndote que ahora; tú, diciendo que otra día.