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la réplica... que no pfottunció nadie; se emocionara tanto el pastor, que no acertó á desembarazarse y largar unos dulces gorjeos... Enmudeció Isabel, ofendida; huía de tropezarse con su galán, entornaba la puerta de la noria apenas sonaban las esquilas del rebaño, y si por maravilla cruzaba un gañán aquellos parajes, llamábalo y entreteníalo con el propósito de herir y malherir la pasión del borreguero... El borreguero se refugió en unas adelfas, detrás de la colina, hacia el barrancal. Y no descausaba de lamentarse: ¿por qué el repentino enfado, la brusca esquivez de la rapaza? En tales torturadores aprietos finó el invierno y principió la floración de la primavera. Se avecinaba tizo, dentro de la barreía que formaban tínas sarrias. La ternura y la candidez de las humiides bestezuelas conmovió á Isabel, que se desojaba enfilando la vista al través de los mal clavados tableros. En esto se recortó en el fondo una silueta con calzón, faja voluminosa y un sombrero como una bacía... la figura del pastor, en resumen; se sorprendió Isabel; pero, e. ítallante de curiosidad, no se alejó; el borreguero se inclinó á los cordericos, y los señalaba con caricias y apostrofábalos con mimosidad; -Tú, el mauchao y el nevao, tú, no plañéis, homes, no plañáis... Miray qué majo c has salió tú... Guapo prisente pa Sabslica... Al sentir que la recordaban, no pudo contenerse la doncella, y sin querer golpeó en las tablas. Ladró un r -sí t. i- i -r TWs. 4 ft ffiK. I 14. v la festividad que llaman la Cruz de Mayo y con su proximidad crecía el dolor del rústico, pues le obligaba el amo á que regresase á sus roquedas entonces... Remató la aventura en la misma semana de la fiesta. Una vieja de allá del pueblo imploró á la caridad de Isabel que le cogiera unas ciertas hierbas saludables, y en la melancolía del crepúsculo vagaba por la colina la doncella, y andando, andando se acercó á las bardas del corral; las envolvía un fuerte y agrio olor de las lanas, y pugnaba por derribarlas un nutrido balar de unos escondidos corderos. Imaginándose que todavía tardarían en aparecer los pastores, se dirigió la espigadora al portón, y escudriñó el interior por las rendijas; descubríase en el suelo un albo 3? movible y sedeño tapiz de corderos mastín surgiendo del cobertizo; el pastor descorrió el cerrojo. ¡Babel, Sabelica! Sabel intentó escaparse, y agarróla por las muñecas el galán. ¡Sabel, Sabelica! Cortando los ruegos del mancebo, subió á la corralada el tintinear de un magnífico alambre, temblaban en la serenidad cien esquilas; con su palo más alto que él, asomó el zagalillo, y al distinguirle el borreguero grande gritó: ¡Miray, Paulo, la novia; miray qué rosa y qué clavel! ¡Jujún! ¡Jun! Sabelica, mi novia, novia... ¡por mi mare, por el lucero ese... Y con el dedo apuntaba al lucero véspero, que se estremecía siguiendo á la luna; ¡y creeríase que el lucero y la luna eran unos enamorados! FEDERICO G A R C I A- S A N C H J Z n m U l O S DE T EaiDCJ. i recientes que gimoteaban apretujados en el cober-